Los auténticos exorcistas españoles

El Demonio según la Iglesia Católica, puede poseer el cuerpo de una persona, incluso el de un animal

© Juanca Romero Hasmen

Admito que el tema con el que iniciamos este espacio en Diario de Avisos, es cuando menos controvertido a la par que de difícil digestión, tocando de lleno con las creencias más profundas del ser humano, y no exento de polémica. Y es que cuando escuchamos hablar de exorcismos, de forma inmediata y arrastrado como por un efecto muelle, a nuestra cabeza vienen las ilustradas imágenes del film El Exorcista, del director Willian Friedkin, quien en el año 1973 horrorizó al respetable en las salas de cine de medio mundo. ¿Cuánto hay de verdad en las escenas recogidas en la mentada película?

Para dar respuesta, primeramente deberíamos formalizar las definiciones, y partiendo de ahí, aseverar o desmentir aquellas cosas que se vienen exponiendo a lo largo de las últimas décadas. Acudimos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua, faro guía de última generación en estos casos, y encontramos la siguiente definición:

Exorcismo: del latín exorcismus, y éste del griego exorkismo. Conjuro contra el espíritu maligno. De la misma definición obtenemos que el exorcista, es aquel que en virtud de orden o grado menor eclesiástico tenía potestad para exorcizar.

Permítame el amigo lector que simplifique o de algo más de rotundidad al concepto. Diríamos por tanto, que ésta práctica consiste en eliminar del interior de un ser humano, algún tipo de ente maléfico o demoniaco, y que para que esta expulsión se produzca, es necesaria la intervención benefactora del mismísimo Dios, a través de algún soldado cualificado por la Iglesia. Y es aquí donde aparece en escena la principal herramienta de trabajo del exorcista, el conocido como Rituale Romanum, una guía oficial de la Iglesia Católica que confabula los parámetros a seguir para llevar a buen puerto la extracción de ese mal. En él, descubrimos no solo toda la ritualística necesaria, sino que además sirve de patrón para poder adivinar si se tratan de auténticos signos del demonio o simplemente son desviaciones psíquicas que necesitan ser tratadas por un profesional de la medicina y no de la Iglesia.

Entre las reglas a seguir por el exorcista, indicadas en el Rituale Romanum de la Iglesia Católica, destacan las siguientes:

Colocar un crucifijo ante la vista del poseso. Colocarle medallas o algún tipo de reliquias. No dialogar nunca con el demonio y ordenarle que simplemente conteste a las preguntas que se le formulan. No dar crédito a lo que se vea o se oiga por parte del poseso. Preguntar a la víctima el número de seres malignos que lo poseen. Preguntarle el por qué de su posesión, y en qué momento abandonará el cuerpo poseído. Realizar el exorcismo con autoridad, sin doblegamientos e insistiendo en las palabras que más incomoden al supuesto demonio. Rociar con agua bendita al poseso. Todos los presentes deben rezar durante la ceremonia al tiempo que ellos también deben ser rociados por agua bendecida.

Estos son sólo algunos de los pasos que sigue el exorcista para realizar su labor.

Pero permítame que a modo de curiosidad, y antes de introducirnos en el motivo que da título a esta página, dé respuesta a la pregunta ¿fue real el caso recogido en la película El Exorcista”, año 1973? La respuesta es sí, concretamente y salvando las licencias artísticas y cinematográficas.

El 20 de agosto de 1949, Willian Peter Blatty, estudiante de la Universidad de Georgetown, hizo público un artículo en el Washington Post en el que hacía una breve reseña de un supuesto caso de posesión demoniaca ocurrido en la localidad de Maryland, EE.UU. el poseído era un chico de 14 años llamado Robbie Mannheim. He aquí el foco de inspiración para desarrollar el guión de la citada película.

Juan Pablo II, el primer pontífice en realizar directamente exorcismos.

La figura del Papa, quién no olvidemos, representa a Dios en la Tierra, ejerce de Exorcista Top de la Iglesia Católica. Son muy conocidas las intervenciones públicas que el anterior pontífice, Juan Pablo II, realizó para extraer algún tipo de supuesto ente maligno, convirtiéndose de este modo, en el primer pontífice en combatir de forma directa al Demonio. Destacaría el caso de Francesca F., el 4 de abril de 1982, exorcizada en una de las habitaciones del Vaticano, y el caso de una joven que en la mañana del 6 de septiembre del año 2000, se encontraba entre  el público que asiste para ver la audiencia general del Papa en la Plaza de San Pedro, y en ese momento se manifestó en ella el Demonio. El Papa en persona y tras el acto público, se dirige a un lugar próximo y apartado, y exorciza a la joven de tan solo 19 años de edad.

Padre José Antonio Fortea Cucurull, el más popular de los exorcistas españoles

¿Hay exorcistas en nuestro país?

Desde la Santa Sede, se nombran exorcistas oficiales que se encuentran repartidos por gran parte del mundo. En muchos casos se trata de religiosos jesuitas y en otros directamente esta responsabilidad recae en párrocos que por su formación específica, ostentan la opaca y casi secreta licencia para exorcizar. En el caso de España, hasta donde podemos saber, son un total de ocho personas las que tienen esta autorización directa del Papa.

Estos ocho religiosos españoles se encuentran repartidos de forma casi estratégica por la geografía española, quedando organizados de la siguiente manera: dos en Madrid, dos en la zona de Levante, dos en Cataluña, uno en Galicia y otro más en la Andalucía, éste último el que corresponde para atender los casos pertenecientes a las Islas Canarias.

La distribución geográfica no está hecha de forma aleatoria, sino que atiende claramente a la proliferación y asentamiento de sectas y agrupaciones satánicas en nuestro país. No en vano, toda la zona mediterránea y ambos archipiélagos recogen el 90% de las agrupaciones destructivas que hay en todo el mundo. Sumamos a Galicia por estar considerada tierra madre para la brujería y Madrid, por ser capital urbanita y en la que según la Iglesia, al demonio le es fácil pasar desapercibido. A pesar de lo hermético de este pequeño grupúsculo, sabemos de algunos de ellos, como por ejemplo el padre Juan José Gallego, Pedro Suñer, José Luís Portela, o destacando notablemente la controvertida imagen del padre Fortea (José Antonio Fortea Cucurull), el más público de los exorcistas españoles y quién ha publicado diferentes obras sobre este ministerio concreto.

El padre Fortea describe en alguna entrevista concedida, algunos momentos de sus encuentros con el Mal, en los que la persona poseída da fuertes sacudidas con espasmos sobre el asiento en el que se encuentra, ve transformada su voz, incluso sufriendo episodios de Xenoglosia, fenómeno por el cual, la persona poseída, profesa frases en otros idiomas, lenguas muertas e incluso inteligibles, sobre los que jamás ha tenido conocimientos previos.

¿Realidad o un espectáculo montado por la Iglesia?

Evidentemente este es un asunto que no está exento de polémica, y el escepticismo ofrece un amplio manto sobre los postulados religiosos y de aquellos que de forma anárquica defienden la autenticidad de la posesión y por defecto del acto ritual del exorcismo.

Indudablemente la Iglesia Católica, y por qué no decirlo, todas las religiones, han utilizado a lo largo de su historia, todo tipo de herramientas para consolidar la Fe de aquellos que la profesan, recurriendo en gran cantidad de ocasiones a la presencia del Mal y la necesidad teológica y vital de combatirlo. Decir que se tienen pruebas de que el Demonio existe, es lo mismo que afirmar que Dios existe, que el espíritu existe o que el alma está en nosotros. Todo se sustenta en la Fe, en la misma que la sociedad actual está perdiendo a borbotones y que ha convertido al ser humano en menos crédulo y más analítico.

Mientras haya demonios, habrá que poner herramientas para combatirlos, y es en ese papel, donde la Iglesia se escuda y plantea la necesidad de entrar en la escena social. ¿Existe el Mal porque hay un Bien, o es la presencia de la maldad la que hace que la bondad tenga un papel determinante?

En fin, amigo lector, ese es un debate que a su vez se subdivide cual moléculas, y por qué no decirlo, en ocasiones de forma bacteriana.

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