Padronadas ufológicas

© Juanca Romero Hasmen

La pregunta inicial podría ser la siguiente: ¿La ufología es un concepto prostituido por los neo-investigadores del fenómeno OVNI, o por el contrario este tipo de información se pervirtió en décadas anteriores por parte de quienes defendían estas cosas de los platillos voladores y sucedáneos? Lo cierto y verdad es que son muy pocos los investigadores serios y coherentes que vuelcan su tiempo y conocimientos en el estudio disciplinado de esta parcela, con el añadido de que paralelamente tienen que cribar la pestilente bazofia informativa en la que muchos han basado sus postulados haciendo dogma de Fe de ellos. En Canarias también hemos tenido un grupúsculo de estos personajes a lo largo de la historia, contadores de batallas reptilianas y de abducidas voluntades, que con el único aval de su propia palabra, perpetuaron conceptos, experiencias y momentos sin una mínima prueba documental contenedora de una pizca de veracidad.

Eran los tiempos en los que en nuestras islas, Paco Padrón el de los ovnis (que de otros mejor buscar en la crónica judicial) nos relataba historietas de comic americano en las que los platillos venían a la Tierra a llenarnos de agujas y alguna especie de lavativa sideral con la que completar sus estudios alienígenas. Padrón marcó la pauta a seguir y que otros han seguido, basando sus argumentos en una especie de  rayo cósmico que le convirtió en un elegido, en el terrícola propicio para interpretar las marcianadas y sus rarezas. Un extraterrestre afincado en París, interfirió en las fiables comunicaciones propiciadas por un tablero ouija para contarle a Padrón y compañía, que necesitaba unas oraciones en su nombre.

También fueron otros bichejos extraterrestres los que contactaron a través de la oiujaphone para contar a los poco sorprendidos experimentadores de lo insólito, que vivían en Marte, Plutón, Venus y demás bolas coloreadas de nuestro Universo. Pero fueron los de Urano los que se llevaron durante un buen rato a estos expertos en las cosas de las incoherencias, para meterles agujas hasta en los higadillos, buscando quizá la glándula de la credulidad excesiva que invade a los seres humanos. Ser una excelente persona no está reñido con ser un contador de insostenibles y ridículas batallitas platilleras, y este es un claro ejemplo. En Canarias, el 90% de las indagaciones ufológicas que se hacen en la actualidad, se sustentan en una especie de pleitesía a los postulados de un hombre al que todo lo que olía a raro, raro, raro, le daba total credibilidad. De aquellas montañas de pseudo-expedientes en los que Padrón afirmaba que nuestro archipiélago es un invernadero ovni, aún hoy en día, 15 años después de su fallecimiento, no tenemos ni una sola prueba de mediana solvencia. De aquellos invasivos platillos setenteros y ochenteros, estos ruchos siderales.

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