La Alberca, donde el tiempo se detiene

© Juanca Romero Hasmen

Tener la enorme fortuna de poder contar con parte de mi familia en tierras de Salamanca permite que entre otras cosas, pueda disfrutar de cada uno de los rincones de las grandes Castillas, latifundios llenos de secretos y magia contenida. En esta ocasión he fijado mi particular GPS emocional en el impresionante espectáculo que conforma la Sierra de Francia, todo lo más al sur que nos podemos permitir llegar sin salirnos de la provincia de Salamanca.

Nuestro destino final es el pueblo de La Alberca, hermosa localidad de la serranía en la que como descubriremos en estas líneas, está llena de historias y tradiciones, algunas no exentas del misterio más antropológico y arraigado. Así pues, iniciamos nuestro particular periplo por tierras de Salamanca. Esa mañana de martes amaneció con los cielos totalmente despejados sobre San Cristóbal de la Cuesta, una pequeña e incipiente localidad situada a poco menos de 10 kilómetros hacia el norte de la capital salmantina. Al asomarme a la terraza, pude notar como el aire castellano se abría paso entre los interminables sembrados de amarillos y ocres. Ancha es Castilla decía el afamado Rodrigo Díaz de Vivar (Cid Campeador) cuando fue desterrado por el Rey. Pero aún a sabiendas de la magnitud de los terrenos de estos parajes, no tenía ni idea de lo anchas que son las vestimentas de la provincia de Salamanca, y que unos días después acabaría por dimensionar en su correcta escala.

La Alberca, provincia de Salamanca

Retomando el itinerario y tras un más que abundante desayuno, dispusimos a tomar la carretera en dirección sur, dejando poco a poco atrás la encantadora ciudad universitaria y episcopal, y adentrándonos en los intensamente verdes campos de encinas salpicadas por vacas moruchas y toros de lidia. Cuando el reloj de nuestro coche marcaba las dos y media de la tarde, llegamos a la localidad de Tamames, calles por las que los cencerros vespertinos corretean en manos de los niños a finales del mes de enero, convirtiendo esta tradición en una fiesta única en toda la provincia. Los niños captando a los niños, y por otro lugar del pueblo, las niñas haciendo lo propio con las demás féminas de corta edad.

Tras la misa de las nueve y media, el párroco cuenta el número de niños y niñas que hay en cada fila para saber cual es el género ganador. La gastronomía pucherera (gentilicio de los habitantes de Tamames) es conocida por su Torta de Pascua, el Hornazo y la calidad de sus frutos secos, pero nuestra parada para reponer fuerzas la hacemos en el restaurante La Bombilla y encajarnos entre pecho y espalda los seis platos que conforman el auténtico cocido de estas tierras. Retomamos la carretera tras la panzada de casi dos horas, y surcando la comarcal SA-201, cogimos rumbo a nuestro destino, La Alberca.

Osario de la Iglesia de la Asunción, en La Alberca

Nada más llegar allí, sentí como el tiempo nos transportó hasta algunos siglos atrás, entre sus desvirgadas callejuelas de piedra y humedad. Sus enormes casas, rayadas por la estética, presumen a nuestro paso, llenas de flores y humeantes chimeneas. Fue declarada en 1940 como Monumento Histórico Artístico Nacional, principalmente por la belleza y conservación de su patrimonio y por la riqueza religiosa y mistérica de la localidad. El silencio de sus calles se rompe por el sonar de unas campanas, las mismas que anuncian que la “moza de ánimas” ya ha salido a la calle en procesión.

Se trata de una tradición iniciada en el siglo XVI en la que cada viernes del año, justo cuando cae la tarde y sin un horario fijo, una mujer -aún llamándola moza, puede ser de cualquier edad, incluso en la vejez- recorre las calles del pueblo acompañada por otras dos mozas que tocan una esquila y portando un candil mientras van rezando el rosario. Este ritual se ve completado por una oración por todas las almas del Purgatorio, y que repiten en diferentes puntos de la localidad: “Fieles cristianos, acordémonos de las Benditas Almas del Purgatorio con un Padrenuestro y un Ave María por el amor de Dios… Otro padrenuestro y otra Avemaría por los que están en pecado mortal, para que su Divina Majestad los saque de tal miserable estado”.

Escultura en honor al Cerdo de San Antón – La Alberca –

Durante todo el peregrinar –unos treinta minutos- entre callejuelas, no cesan los rezos murmurantes que inundan de tétrico cada piedra albercana. La procesión finaliza frente a un antiguo osario alojado en una hornacina situada en la parte exterior de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en el que se encuentran dos calaveras, unos candiles y una gran vela que siempre permanece encendida para guiar a los que continúan en el inframundo. Actualmente son doce las “mozas de ánimas” que se reparten los meses del año para salir cada anochecer por las calles de La Alberca. ¿Cuestión de devoción?, sin duda alguna, lo es. Como aporte señalar que en tan solo una ocasión –según dice la tradición- la moza de ánimas no salió a hacer su recorrido habitual debido a la gran cantidad de nieve que cubría el pueblo y que le impedía caminar. Otra vertiente de la tradición, afirma que la moza fue asesinada. Sea como fueren los hechos, los más viejos del lugar cuentan como esa noche se escucharon los repiques de la esquila, sonando sola entre las callejuelas sin nadie que la agitara y acompañara con oraciones. Se dice que aquella noche, “la esquila salió sola”.

Otra llamativa tradición albercana es la del conocido como “Cerdo de San Antón”, y no es que el mentado santo fuese poco higiénico, sino que un gorrino protagoniza las celebraciones en honor a San Antonio de Padua, y que se celebra cada año el día 13 de junio. El cerdo, conocido como garrapato o marrano, se suelta por las calles después de su bendición y haberle colocado una campana en el cuello. El Marrano de San Antón estará suelto por todo el pueblo hasta el día 17 de enero, día que se celebra San Antón y en el que el puerco animal será sorteado entre los vecinos. Resulta llamativo ver vagar libremente por el pueblo al animal, siendo los propios vecinos los encargados de alimentarlo y darle cobijo en alguna cuadra en las noches más frías de La Alberca. En épocas más pretéritas, el cerdo era cebado por los vecinos para después entregarlo a la familia más pobre de la localidad, pero en la actualidad el evento de la subasta tiene forma de papeleta o participación y de cuyos beneficios, se hace reparto entre obras sociales o alguna Organización No Gubernamental.

La Alberca, provincia de Salamanca

Sin abandonar del todo el plano religioso y tampoco la localidad, también circulan leyendas de visiones marianas e incluso la de un Cristo ciertamente llamativo que según cuentan los mayores, exudó sangre. La Sierra de Francia es sin lugar a dudas, uno de esos enclaves mágicos de España, un reguero de micro puntos energéticos que convierten al sur de la provincia de Salamanca en fuente de misterios y leyendas, un punto de referencia sobre el mapa que seguro tendremos la ocasión de recorrer con más detenimiento en algunas próximas ocasiones. Atrás vamos dejando las localidades de Mogarraz, con sus inquietantes retratos inundando las fachadas de las casas y otro curioso y hermoso cerdo en medida libertad, Miranda del Castañar, San Martín del Castañar, Béjar y Guijuelo… Ponemos rumbo a la enamoradiza Salamanca en busca del arrullo del Tormes nocturno, el que se tiñe de maestría y solemnidad bajo las centenarias piedras catedralicias. Ha sido un viaje más en busca de la leyenda y el misterio, pero no un viaje cualquiera.