Los auténticos zombis

© Juanca Romero Hasmen

Ha sido especialmente el cine, seguido de cerca por las series de televisión, el que de forma directa nos ha acercado hasta el fenómeno zombi. Cierto es que la pantalla -sea grande o pequeña- ha desvirtuado brutalmente lo que más allá del espectáculo visual y efectista, tiene un claro y localizado fondo real. Busquemos la raíz en el vudú. Ésta es una palabra que significa “misterio”   y proviene del dialecto Yoruba (zona oeste de África). Desde estas zonas del continente africano se llevaron esclavos hasta Haití, mezclándose las creencias originarias con el cristianismo originario de Francia y desembocando de este modo, en la práctica del vudú. Haití está considerado el país más pobre de todo el continente americano, y se dice que es la primera nación del mundo que está consagrada al Diablo, ya que para conseguir su deseada independencia, los esclavos establecieron un pacto con el mal.

¿Qué tiene que ver el vudú con los zombis? Empecemos por definir o describir que es una persona “zombificada”. Los conocidos como “Bokor”, son las personas que tienen el poder de crear zombis dándole al sujeto unos polvos disueltos en líquido -por razones obvias, evitaré ser más concreto con los productos utilizados-. El afectado pierde de forma casi automática sus constantes vitales entrando en estado cataléptico severo. El cuerpo es inmediatamente enterrado para evitar que las altas temperaturas afecten al cuerpo, y pasados un par de días, justo cuando el efecto de las drogas ingeridas comienza a desaparecer, el brujo “Bokor” lo desentierra y le da de comer una especie de pasta de antropina y escopolamina (disociadores alucinógenos) que chocan de lleno sobre los neurotransmisores y las endomorfinas del cerebro. Así, de este modo, aunque el cuerpo permanece vivo, la mente del sujeto no recupera la consciencia absoluta.  

Dentro de las creencias más blindadas del acervo cultural de los haitianos, se creen que los zombis tienen la capacidad de volar rodeados de una gran llama. Se caracterizan por la furia que desprenden y por ser auténticos imanes de fortunas. Poseen una extraordinaria capacidad auditiva, pudiendo detectar un sonido desde cualquier dirección y distancia. Los estudios científicos realizados sobre estos individuos apuntan a que los zombis dependen de todos sus sentidos por igual. Sabemos que los humanos están orientados hacia la visión desde que nacen, dependiendo de otros sentidos solamente si el primario se devalúa o desaparece.

Ilustración zombi

Aparentemente en el caso de los zombis no ocurre así, y esto explicaría su habilidad para cazar, alimentarse e incluso luchar en la más absoluta oscuridad. Los estudios que se están realizando sobre estos individuos, hablan de su habilidad para distinguir entre la carne humana y la de tipo animal. También poseen la habilidad  para rechazar la carroña frente a la carne recién muerta, así como para rechazar como fuente de alimento un cuerpo humano que lleve más de 18 horas muerto. Los científicos hacen hincapié en los aspectos ligados al tacto. Todos los receptores nerviosos en las personas zombis, permanecen muertos tras la reanimación. Ellos no sienten el dolor físico, y a diferencia de nosotros, no padecen por las heridas. Las observaciones de campo y las realizadas en laboratorio, muestran que los muertos vivientes son capaces de iniciar ataques incluso teniendo todos sus órganos sensoriales dañados o descompuestos.

¿A qué se debe? ¿Estamos hablando de un desarrollo de la capacidad cerebral superior a la de un humano a causa del virus? El cine y las novelas se han encargado de desvirtuar notablemente la realidad de los no muertos. A diferencia de lo que ocurre en las tramas de ficción, la ciencia ha demostrado que no poseen capacidades regenerativas en su fisiología, con lo que las células dañadas continuarán en ese estado. Para la curación de estas heridas se han empleado infinidad de tratamientos médicos, pero ninguno de ellos ha mostrado avances o curación durante el proceso. Se ha calculado que el cuerpo de un zombi puede estar en activo entre los 3 y los 5 años antes de que se pudra por completo. Por extraño que esto nos pueda parecer, esto se debe a que el sistema inmunológico mantiene un importante grado de protección contra los microorganismos devoradores del cuerpo.

El vudú sigue impresionando por su puesta en escena

Como apuntaba con anterioridad, la factoría cinematográfica ha entremezclado elementos reales con la exageración apuntalada con más exageración. Uno de los iconos mejor reflejado en la gran pantalla ha sido la forma de andar de los no muertos. Éstos se desplazan con trazos errantes y muy lentos. En el análisis de campo, se ha determinado que son capaces de moverse a una velocidad de un paso cada segundo y medio. A día de hoy, nadie ha sido capaz de ver a un zombi correr, saltar o agacharse con destreza. De cualquier modo, y para no atentar contra nuestra propia tranquilidad, es preferible quedarse con la idea del zombi de pantalla, cubierto de toneladas de látex y maquillaje.

A lo largo de la historia del cine, concretamente el de terror, han pululado los personajes siniestros que han regresado desde el lado oscuro de la muerte; ahí tenemos a los vampiros, las momias, monstruos amorfos, y aquellos que abren una tumba desde adentro y persiguen a los vivos para comérselos. Los zombis del séptimo arte han ido evolucionando al mismo tiempo que lo ha hecho la técnica audiovisual. En los años treinta surgieron las primeras películas, destacando “La legión de los hombres sin alma” (1932), “La rebelión de los muertos” (1936), o “The walking Dead” con el gran Boris Karloff, aunque esta última no muestra a un zombi, sino a un cuerpo reanimado. En las décadas de los 50’ y 60’, el cine de los muertos vivientes evolucionó más bien poco, aunque de ellas podríamos extraer al menos una decena de películas del género.

El cine de zombis se ha convertido en motivo de culto

Fue al llegar la década de los setenta cuando eclosionó esta particular temática y la figura del zombi sufrió una importante metamorfosis, siendo dotado hasta nuestros días de las cualidades que ya conocemos; comedores de carne, poca inteligencia, movimientos lentos, cuerpos descompuestos, y un largo etcétera. Hoy en día, metidos de lleno en el siglo XXI, el género sigue vivo –perdón por lo contraproducente de la expresión-, y podemos disfrutar de series de enorme éxito como la conocida “The Walking Dead” que se emite actualmente en un canal televisivo de nuestro país.