Seres de Luz: Entre lo espiritual y la realidad

© Juanca Romero Hasmen

Desde tiempos remotos, los seres humanos hemos sufrido síndrome de dependencia divina, la necesidad imperiosa de aferrarnos a la idea que plasma en nuestro subconsciente, la existencia de uno o varios seres supremos, capaces de poseer y saber gestionar todo tipo de poderes, y tener disponibilidad infinita para atender peticiones, reclamos y más de una exigencia. Todas las deidades siempre han ido acompañadas de un halo de luz que les envuelve; las fuerzas del inframundo bañadas entre luces y sombras, y las de carácter positivo, bañadas en cegadoras ráfagas de luz blanca.

Todas las grandes religiones incluyen en sus textos, pasajes protagonizados por “Seres de Luz”, entidades interpretadas como ángeles o dioses. Estas presencias visitaban a profetas y videntes, que a su manera y conveniencia, interpretaban el sentido de aquel subjetivo hecho, y lo entregaban como legado mensajero o divino, para las generaciones posteriores. En la actualidad no son pocas las personas que ofrecen pleitesía a supuestas entidades superiores, con las que afirman llegar a contactar a través de la meditación y la trasparencia espiritual. Se podrá pensar –es mi caso particular- que la mayoría de estas personas sufren algún tipo de trastorno de identidad, e incluso algunos episodios de confusión entre lo real y lo irreal.

Entre algunos de sus sorprendentes argumentos, podemos rescatar llamativas hipótesis alojadas en las cosas del espíritu, o sea, en algún lugar de ninguna parte. Podemos denominarlos como planteamientos místicos. Estos postulados afirman que junto a nosotros, en otros planos de la realidad, conviven entidades energéticas que a modo de catálogo, están clasificadas en diferentes niveles jerárquicos. De este modo podemos toparnos con gnomos, hadas, elfos, duendes e incluso con los mismísimos ángeles…

Sí, ya sé que es lo que está pensando justo ahora. No estamos hablando de cuentos infantiles, de niños cegados por la blanca inocencia de la edad, sino de personas adultas según debe reflejar el documento nacional de identidad. De cualquier modo, la existencia de estos supuestos seres de luz o seres Lunos -llamados así por su blanca y brillante apariencia- está presente en algunas de las más llamativas historias y narraciones populares dentro y más allá de nuestro archipiélago.

Fue allá por el año 1991 cuando escuché por primera vez hablar de la leyenda sobre los seres blancos en el interior de la galería de Izaña, en el Barranco de Badajoz (Chamoco), en el Valle de Güímar. Una historia que debemos situar en su desarrollo a principios del siglo XX, concretamente y según se cuenta en los corrillos del pueblo, en el año 1912. Estaba hablando una tarde de marzo con don Pedro Viera, un agricultor del valle y que con picaresca sonrisa nos contaba a mí y a mis dos acompañantes alguna de las historias y leyendas de la isla aunque de las que me contó en aquella ocasión, ésta fue quizás la que más me atrajo por la claridad de datos y fechas que aportaba.


Cuentan que en 1912, dos trabajadores de las galerías excavadas en el barranco, se encontraban perforando en el interior de la galería de Izaña cuando la pared que tenían frente a ellos se vino abajo y dejó al descubierto una enorme galería. Fue entonces cuando estos hombres vieron tres seres blancos irradiando una especie de luz pura que no llegaba a ser cegadora. Aquellos trabajadores corrieron despavoridos como almas que se las lleva el mismísimo diablo, barranco abajo hasta llegar al cuartelillo de la Guardia Civil dónde la leyenda dice que tramitaron la oportuna denuncia. Otra vertiente de la historia afirma que aquellos extraños seres intraterrestres indicaron a los trabajadores el lugar concreto en el que debían excavar para encontrar el perseguido líquido elemento. Sea como sea, en la actualidad no consta en los archivos ningún tipo de denuncia sobre este acontecimiento u otro de similares características.

La presencia de esos supuestos seres blancos, también conocidos como seres alunados o luminosos, está fuertemente enraizada en algunos puntos del archipiélago y concretamente en la isla de Tenerife podemos encontrar testimonios en poblaciones como Punta del Hidalgo, playa de La Tejita o el propio Barranco de Badajoz. Las descripciones suelen ser variopintas pero su denominador común nos habla de un ser blanco no por las vestimentas que lleva sino porque emana luz pura, una luz blanca y fría. Con forma humanoide, su estatura oscilaría entre 1,90 cm y los dos metros y medio. Sus ojos profundamente oscuros, negruzcos y las extremidades algo exageradas. Algunas personas afirman haber establecido algún tipo de comunicación sensorial o telepática con estos supuestos seres. Es el caso de Emilia Grimao, una de estas personas que han tenido la fortuna o infortunio de estar en contacto directo con ellos:

“Realmente lo que vi fue… le llaman ser blanco. Desde luego blanco era, como si fuera… como una nube que se fue acercando hacia mí. No tenía manos, el rostro no se distinguía bien, pero la silueta desde luego era como de aproximadamente 2 metros, yo era chiquitita y aquel ser para mí era muy alto. Fue como rodeándome, pero no caminando, era como si flotara… iba por el aire.” “… no me hablaba como te puedo estar hablando yo, era como algo mental. Me fue dando muchas respuestas, sobre todo a mis dudas. Desde luego a partir de ahí, de ese momento cambió mi vida, ya no pensaba tan negativamente, empecé a poner remedio a esos problemas que para mí no tenían solución y realmente si lo tenían.”

¿Seres espectrales, intraterrestres, venidos desde otros planetas, quizás desde otras dimensiones? Al igual todo esto es fruto de la sugestión, un extraño juego de la propia mente, pero no deja de ser un gran misterio que a lo largo de los años y décadas, se siga escuchando a personas afirmar que frente a ellos, la luz divina se ha presentado a través de forma humana. Lo cierto es que a estas alturas del siglo XXI, prácticamente 100 años después, la historia de la galería de los seres blancos continua viva y aún hoy son muchos los que al llegar allí, miran con recelo la puerta que da entrada al lugar donde ellos se refugian del pasar del tiempo y la leyenda.