Patologías Extrañas (II): El Síndrome de Lázaro

© Alexandra Fernández

En esta ocasión y aprovechando la proximidad de la Semana Santa, he decidido hablaros de este síndrome. Pero permitidme antes poneros en antecedentes y explicaros brevemente quien fue Lázaro, nombre a quien rinde homenaje esta patología insólita.

Lázaro es un personaje bíblico del siglo I natural de Betania, pueblo cercano a Jerusalén. Aparece en el Nuevo Testamento y cuentan que Jesús se alojó hasta tres veces en su casa. Pero realmente se hizo famoso porque según el evangelio de San Juan,  Jesús lo revivió varios días después de su muerte; por ello y a partir de entonces Lázaro es sinónimo de resurrección. Dicen que a día de hoy la tumba donde fue enterrado este personaje antes de producirse el milagro por Jesús, sigue siendo lugar de peregrinaje.

Pero, ¿en qué consiste exactamente el síndrome de Lázaro? Es cuando una persona es declarada clínicamente muerta y pasados unos 10 o 15 minutos el fallecido recupera espontáneamente sus constantes vitales. Una resurrección en toda regla.

No debemos confundir este síndrome con otro fenómeno más conocido como la catalepsia –en otra ocasión profundizaré en este trastorno– pero para quien no la conozca, la catalepsia consiste en un fenómeno de muerte aparente cuando se produce un fallo en el sistema nervioso central, produciéndose una parálisis corporal sin mostrar signos evidentes de vida. Puede durar desde unas horas hasta unas semanas, de ahí surgió en tiempos el miedo a ser enterrado vivo. Al hilo de esto aprovecharé para señalar que existe una expresión muy extendida que seguro alguna vez habremos oído, “salvado por la campana”, leyenda o no –porque existe controversia en cuanto al origen de este dicho– se cree que proviene de que antiguamente se ponían campanillas en los ataúdes precisamente por este motivo, porque se daban muchos casos de catalepsia y con los medios que había, no se podía comprobar con certeza que la persona estaba viva, así que se enterraba a mucha gente que realmente no estaba muerta. Por ello idearon la idea de la campana, si esa persona despertaba podía tocarla y ser rescatada.

El otro origen habla que procede del mundo del boxeo, los comienzos y finales de los combates se hacen con el sonido de una campana, por eso dicen que cuando un boxeador esta al borde de ser noqueado, esto sería su salvación.

Retomando el síndrome de Lázaro, existen varias teorías respecto a qué lo puede causar. En primer lugar se cree que puede tener lugar tras haber realizado la maniobra de resucitación (RCP, Reanimación Cardio Pulmonar), ya que al hacer esta maniobra se acumula presión en el tórax.

Una vez se detiene la RCP, la presión comienza a liberarse poco a poco y esto daría lugar a que el corazón se pusiera de nuevo en marcha, dejando fluir de nuevo la sangre y activándose de nuevo el flujo sanguíneo. Esto se ha observado sobre todo en personas que padecen EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica).

Por otro lado, se cree que las dosis altas de adrenalina como parte de estas mismas maniobras de la RCP podrían tener un efecto tardío; las inyecciones que vemos en las películas que inyectan a los fallecidos para reanimarlos están cargadas de adrenalina –en la vida real no es tan espectacular como en la ficción, pero también se hace–.

El fenómeno de embolización coronaria podría ser otra explicación, es decir, un trombo obstruye un vaso sanguíneo principal y deja al corazón sin riego. Pero de repente ese trombo debido a la presión de la sangre que está reteniendo o a cualquier otro motivo, es desplazado y la sangre vuelve a circular. Luego se restablecería de nuevo el flujo sanguíneo y la recuperación espontánea del funcionamiento de nuestro corazón.

La hiperpotasemia –niveles altos de potasio en nuestra sangre– es otra de las causas por las que se puede generar un retraso en la circulación espontánea de nuestra sangre. Cuando los niveles de potasio vuelven a la normalidad, la circulación también lo hace y el cuerpo revive.

   A pesar de lo chocante o extraño de este síndrome, los científicos creen que es mucho más común de lo que sugieren los estudios. Desde 1982, este fenómeno ha aparecido en la literatura médica por lo menos en 54 casos. De los cuales 37 de ellos se han producido en Europa, 11 en Norteamérica y el resto en Asia y Oceanía. Sólo 5 casos fueron datados en la década de los 80, 18 de ellos en la década de los 90, 13 en el 2000 y otros 16 en lo que llevamos de la última década.

Antes de terminar me gustaría mencionaros el caso de un hombre de 78 años de Mississippi (EEUU). Este hombre falleció en 2014, encontrándoselo muerto su enfermera cuando fue a realizarle la revisión que le hacía cada día. No tenía pulso, ni respiraba, así que fue declarado clínicamente muerto. Cual fue la sorpresa de este señor cuando al día siguiente se despertó y se encontró en el interior de una bolsa para cadáveres en la morgue.

Un susto de muerte.