Patologías Extrañas (III): El Síndrome de Kuru

Foto de Shirley Lindenbaum con los Fore

© Alexandra Fernández

Seguimos con los síndromes y trastornos extraños, en esta ocasión os quiero hablar de la también denominada “enfermedad de la risa”. Su origen reside en el pueblo de Fore en Nueva Guinea –se trata de una enfermedad endémica, es decir que afecta a una población o zona geográfica concreta– y en su vocablo “Kuru” viene a significar algo así como estremecerse o temblar de miedo.

En 1997, Stanley Prusiner neurólogo y bioquímico norteamericano, ganó el premio Nobel de Medicina gracias al descubrimiento de esta enfermedad. Ésta es causada por un prión – para que lo entendamos, es una proteína infecciosa– que se encuentra contaminando el tejido cerebral humano. Esta proteína produce cambios en el sistema nervioso y el cerebro parecidos a la más conocida encefalopatía espongiforme bovina, o como comúnmente la conocemos “enfermedad de las vacas locas”, pero extrapolado a humanos.

Los síntomas que caracterizan a este síndrome siempre son los mismos y van evolucionando. Primero fallan las piernas, por lo que aparecen claros problemas para poder caminar; luego aparecen la disfagia –dificultades para tragar–, seguido de las complicaciones para hablar y dolores en todas las extremidades. El siguiente paso es a nivel mental, se va perdiendo el control sobre la propia mente y aparecen grandes cambios de ánimo; los afectados pasan de la risa descontrolada al llanto desmesurado sin motivos aparentes. Por último ya rozando la locura, aparecen las fuertes convulsiones y espasmos musculares conduciendo finalmente a la muerte. No existe cura para esta enfermedad y se estima que una vez que se adquiere el lapso de tiempo que pasa hasta que se fallece es como mucho de un año. El pueblo Fore sabe que cuando aparece el Kuru después viene la muerte.

La creencia popular culpaba a la brujería y sus maldiciones como causantes de estos males. Temían por la extinción de su tribu, por ello podéis imaginar cómo combatían este mal; mediante rituales ancestrales pero obviamente esto no conseguía pararlo. ¿Y cómo contraían el Kuru? La respuesta es muy fácil, practicaban el canibalismo. Cuando un miembro de los Fore moría su ritual funerario consistía en comerse a la persona fallecida; la familia por parte de la madre serían los encargados de descuartizar el cuerpo, se cortaban las extremidades, se desmembraban los músculos, se abría el torso y se sacaban los órganos, por último se extraía el cerebro. Excepto la vesícula biliar  todo se comía, el cerebro era cocinado con plantas locales dentro de tubos de bambú; los mejores cortes se cedían al jefe de la tribu, el resto del cerebro, vísceras y miembros eran consumidos por todos los demás.

Esto dicho así puede sonar muy sádico pero a finales de la década de los 50 la antropóloga Shirley Lindenbaum, decidió viajar hasta Nueva Guinea para estudiar esta enfermedad sobre el terreno. Shirley descubrió el motivo por el que se producía la infección en esta tribu, es decir por el ritual funerario que practicaban con los que fallecían. Y sobre todo que no era por una cuestión salvaje sino como acto de respeto, amor y duelo hacia el difunto. Los Fore creían que al comer la carne del fallecido le estaban enviando su señal de respeto, además tras la ingesta de las distintas partes adquirirían la sabiduría y habilidades del difunto.

Esta práctica se dejó de llevar a cabo en 1960, pero hasta hace muy poco aún se seguían reportando casos de Kuru debido a que tiene un largo periodo de incubación que puede llevar hasta 30 años.

Hasta aquí la patología extraña de hoy, espero no haberos dejado con mal sabor de boca…