Patologías Extrañas (IV) HOMBRES LOBO: UNA HIRSUTA REALIDAD

© Alexandra Fernández

Siempre hemos oído aquella frase que dice “en ocasiones la realidad supera la ficción” y no es para menos. Numerosos personajes de ficción no han nacido de la nada, sino que están basados en figuras reales y precisamente eso ocurre con algunos protagonistas de historias de terror. En este artículo vamos a profundizar en la figura del hombre lobo. Sobre todo vamos a desmitificar y diferenciar algunos conceptos que, bien por desconocimiento o por interés, han ido pasando de generación en generación. Para ello vamos a profundizar en dos términos que aunque a primera vista parecen lo mismo, no lo son y sus diferencias son muy notables. Hablamos del síndrome del hombre lobo y la licantropía clínica.

El síndrome del hombre lobo, es lo que la ciencia denomina hipertricosis, una enfermedad rara producida por una alteración congénita ligada al cromosoma X que produce un crecimiento del pelo de forma excesiva o de mayor longitud de una forma anormal para la edad, raza o sexo. Se clasifica según sean hereditarias o adquiridas y generalizadas o localizadas; además puede presentarse de manera aislada, o asociarse a otros síndromes o enfermedades. Todo esto da lugar a 16 tipos diferentes de hipertricosis.

Esta enfermedad aparece reflejada y reconocida en el CIE-10 –sistema de clasificación Internacional de Enfermedades– como “Enfermedades de la piel y del tejido subcutáneo/ Trastornos de las faneras/ Hipertricosis” y en el CIE-11 como “Malformaciones congénitas, deformidades y anomalí­as cromosómicas/ Otras malformaciones congénitas de las faneras/ Otras malformaciones congénitas del pelo/Hipertricosis congénita”.

Fue descubierto en 1995, cuando el genetista Xue Zhang encontró genes de más en el cromosoma X. La literatura menciona que sólo hay 50 casos documentados y la prevalencia es de uno entre 10.000 millones. A día de hoy aún no existe tratamiento para esta enfermedad; por ahora la única esperanza es el estudio de los genes HTC1 (cromosoma 8) y MAP2K6 (cromosoma 17) para hallar una terapia genética. La mayoría de veces, como ocurre en el resto de enfermedades raras, simplemente se tratan los síntomas a medida que vayan suponiendo un problema para el paciente. En este caso hay ocasiones en las que se les practican sesiones de depilación láser en algunas zonas para intentar que el crecimiento del pelo cese o se ralentice.

Seguro que todos conocéis la historia de “La Bella y la Bestia”. Cuentan que la narración está basada en un hecho real en el que el protagonista es un tinerfeño con esta enfermedad congénita: Pedro González –también conocido como Petrus Gonsalvus, respondería al primer caso documentado–.

Petrus Gonsalvus y su mujer, retratados por Joris Hoefnagel

Se dice que Pedro fue abandonado por sus padres y que hasta los 10 años estuvo viviendo en un monasterio con los monjes. Unos corsarios lo raptaron y se lo llevaron como regalo al recién coronado Enrique II de Francia quien lo adoptó, le dio un puesto de trabajo y una educación. Al fallecer Enrique, su mujer Catalina de Medici concertó a Pedro un matrimonio con otra Catalina, una cortesana. Ambos se casaron y tuvieron 7 hijos, de los cuales 5 heredaron la hipertricosis de Pedro. Estos cuadros hoy se exhiben en el palacio de Innsbruck (Austria).

Hace unos años Eva Aridjis hizo un documental llamado: “Chuy, el hombre lobo” sobre el mexicano Jesús Fajardo Aceves –responde al sobrenombre de “Chuy”–. En él se cuenta como desde hace varias generaciones los Aceves sufren hipertricosis; al menos 30 miembros de la familia lo han tenido o lo tienen. Explica cómo estas personas son marginadas por la sociedad, sufren acoso, les niegan puestos de trabajo… Chuy ha ofrecido sus servicios como “hombre lobo” en ferias y circos desde los 13 años. Ha participado en “El circo de los horrores”, ya que según asegura es en el único sitio donde se sienten apreciados.

Chuy, conocido popularmente como el «hombre lobo mexicano»

Por último quería hacer mención a unas noticias que salieron en agosto del 2019 en España en diferentes medios de comunicación con titulares como 16 bebés sufren el síndrome del hombre», “Bebes hombres lobo” … La realidad de esta noticia la podemos leer en la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (Aemps).

En una notificación del 8 de agosto de 2019 se aseguraba que 23 bebés con problemas de reflujo gastroesofágico desarrollaron esta enfermedad en Andalucía, Cantabria y Comunidad Valenciana, a causa de dos lotes defectuosos de la empresa Farma-Química Sur.

Éstos vendieron como Omeprazol –indicado para el reflujo gastroesofágico– lo que en realidad era Minoxidil, un vasodilatador cuyo uso más conocido es el tratamiento de la alopecia. Cuando se conocieron los hechos la Aemps ordenó retirar el lote. Posteriormente el Sistema Español de Farmacovigilancia de Medicamentos de Uso Humano volvió a recibir otra alerta: otro niño padece hipertiricosis a causa de otro lote defectuoso por el mismo motivo y procedente de la misma empresa.

A raí­z de estas incidencias y posteriores inspecciones, se suspende a Farma-Química Sur del registro para realizar las actividades de fabricación, importación y/o distribución de principios activos farmacéuticos debido a que se estima que hay 71 pacientes pediátricos posiblemente afectados. 

Bithi Akhtar sufre del síndrome de Byars-Jurkiewicz, además de hipertricosis

Por otro lado tenemos la licantropía clínica, esto a diferencia del síndrome del hombre lobo es un trastorno mental caracterizado por la alucinación de ser o estar transformándose en hombre lobo. La creencia se acompaña de la percepción de supuestos cambios corporales como que le crezca pelo por todo el cuerpo, se agranden sus dientes, le crezca un hocico, etc… Pueden llegar incluso a mantener comportamientos típicos de estos animales  –desplazarse a cuatro patas, aullar, gruñir, atacar e incluso comer carne cruda–.

Actualmente el DSM-V –el manual diagnóstico de trastornos mentales, de la asociación americana de psiquiatría–no reconoce la licantropía como entidad propia, pero se podrí­a encuadrar dentro de la categorí­a denominada «Síntomas somáticos y trastornos relacionados”, además se puede asociar a la esquizofrenia y brotes psicóticos.

En 1988 Keck introdujo criterios diagnósticos para este trastorno que consistían en: 
            1. El paciente asegura ser un animal.

            2. Corroborar verbalmente en un momento de lucidez mental que a veces siente ser un animal y/o realizar conductas típicamente animales.

El psiquiatra Jan Dirk Blom hizo un estudio sistemático de documentos históricos y bases de datos médicas para encontrar cualquier referencia de esta condición entre 1850 y 2012. El resultado publicado en marzo del 2014 en la revista “Historia de la Psiquiatría” muestra que encontró 46 descripciones de este caso.

Antiguamente al igual que con otros trastornos mentales, se creía que el que poseía esta licantropía clínica era víctima de algún hechizo demoniaco. Pero ya en la Edad Media existen evidencias de que los galenos realizaban diferentes procesos médicos de la época ya que lo consideraban una enfermedad.

La medicina de entonces recomendaba medidas dietéticas, drogas galénicas, baños calientes, purgación, vómitos y sangradura al punto del desmayo. Muchos doctores lo etiquetaban como “un tipo de melancolía” debido al exceso de bilis negra. En la actualidad este trastorno se trata con fármacos psicotrópicos, estabilizadores de humor, antipsicóticos, etc…

Manuel Blanco Romasanta, el conocido como «hombre lobo gallego»

En España tenemos uno de los casos más conocidos de licantropía clínica; seguro que os suena si os nombro al “hombre lobo de Allariz”. Este hombre fue Manuel Blanco Romasanta y es considerado uno de los primeros asesinos en serie de los que existen pruebas documentales en España.

Manuel fue un sastre considerado inteligente y culto para la época, pues sabía leer y escribir; pero en 1839 –según relató el gallego– una “fada” le lanzó una maldición. Tras ocurrir esto asesinó a 13 personas. Las mató para luego despedazarlas e incluso devorarlas, haciendo desaparecer así sus cuerpos.

Romasanta relato así los hechos en su juicio: La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos grandes con aspecto feroz. De pronto, me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos yo mismo era un lobo. Estuve cinco dí­as merodeando con los otros dos, hasta que volví a recuperar mi cuerpo. El que usted ve ahora, señor juez. Los otros dos lobos vení­an conmigo, que aunque yo creía que eran lobos, cambiaron a forma humana. Eran dos valencianos. Uno se llamaba Antonio y el otro don Genaro. Y también sufrían una maldición como la mí­a. Durante mucho tiempo salí­ como lobo con Antonio y don Genaro. Atacamos y nos comimos a varias personas porque tení­amos hambre.

La sentencia llegó el 6 de abril de 1853, cuando Romasanta contaba con 44 años. Se consideró que “ni estaba loco, ni era idiota o maníaco”, con lo que fue condenado a morir en el garrote vil y a pagar una multa de 1000 reales por víctima.

Ya hemos visto las diferencias claras que existen entre las dos patologías. Eso sí, imaginad que un individuo padeciera las dos juntas… Ahí sí me atrevería a decir que tendríamos delante de nosotros al mítico personaje de terror: el hombre lobo.