Los misterios de Calahorra

© Alexandra Fernández

El caso de Calahorra es un hecho que siempre ha estado muy presente entre los amantes del misterio a nivel incluso nacional. Ocurrió en los años 90, Lorenzo Fernández Bueno, autor de «Poltergeist, una incómoda realidad», publicado en  la colección ‘La puerta del misterio’ dirigida por el gran Fernando Jiménez del Oso;  fue el encargado (entre muchos otros) de difundir los sucesos estremecedores, sin duda alguna, acaecidos por aquellos lares.

Remontándonos un poco en la historia, todo comienza con una de las protagonistas, antigua inquilina de dicha casa. Con tan solo 10 años, ya sufría el famoso “acoso” de los denominados “visitantes de dormitorio”, cada noche podía apreciar como sombras rondaban por su habitación y permanecían inmóviles al pie de su cama, paralizándole por completo sin dejarle opción a realizar una llamada de socorro a sus padres. Tiempo después no solo el fenómeno no cesa, sino que además se intensifica, y objetos inanimados comienzan a cobrar vida. Persianas que se mueven, la cadena de música funcionando a su antojo… Además de levitaciones, e incluso aparece la propia agresión física, la víctima amanecía con enormes moratones en brazos y muslos, aunque ella no recordaba haber sufrido esos daños;  vamos lo que comúnmente se conoce como “fenómeno poltergeist”. Llama la atención, que normalmente no suele haber comunicación con estos seres visitantes, como mucho algún tipo de señal y poco más; pero a nuestra protagonista estos seres le hablaban. En una ocasión ella le pidió a uno de ellos que se marchase, esta sombra le respondió con un: “No quiero”.  Esto la llevó a pedir consejo a un ‘especialista’. Le recomendó poner cada noche un tarro con sal debajo de la cama. Durante los primeros días la sal aparecía a la mañana siguiente completamente negra, y los sucesos no cesaban.

Si con esto teníamos poco, pasado más tiempo, la joven desesperada al ver que todo esto continuaba, decide hacer una ouija en el domicilio con una amiga. Durante la sesión la presencia de “Satán” se hizo patente sobre el tablero en varias ocasiones, asustadas las dos amigas apartaron el dedo del vaso y éste salió despedido contra la pared recorriendo los dos metros que le separan hasta chocar contra ella y hacerse añicos.

Esta joven comenzó a tener pesadillas, cada noche visualizaba la imagen de un ser, con cuerpo de hombre y cabeza o rasgos de carnero con los ojos rojos; una imagen inquietante, qué duda cabe… Pero la gran sorpresa se la llevo una noche en la que con un amigo, conducían por el camino que rodea un embalse cercano al pueblo  (lugar de leyenda y donde se cuenta que se realizan rituales satánicos y reunión de brujas… la leyenda se acrecentó cuando se hallaron yacimientos funerarios romanos en el enclave).  Al llegar a la larga recta, un ser ensotanado se acercaba velozmente flotando hacia ellos como un “kamikaze”, pero por si fuese poco aún, el mayor susto se lo llevó la protagonista al ver que ese ser que iba hacia ellos tenía la misma cara, que el ser que aparecía en sus sueños, su amigo que era el que conducía, viendo también aquello, giró bruscamente el volante quedándose “el ser” a unos 20 centímetros del cristal, pasando sobre el coche; una vez pasado, se le pierde de vista. Por fortuna no hubo daños tras la salida del coche de la pista. En ese instante (6:45 de la mañana) los sistemas eléctricos de las iglesias de Santiago y San Andrés saltaron, llenando la noche de tañidos de campanas que llegaban al embalse desde el pueblo. Lo curioso es que las iglesias poseían cuadros eléctricos diferentes, por lo que es difícil explicar que pasó. Con el susto en el cuerpo, vuelven al pueblo y al día siguiente van en busca de la otra amiga para contar lo acontecido. Llaman a su puerta y cuando ésta les abre, sin necesidad de que sus amigos le cuenten nada, ella ya sabe lo que ha pasado, lo ha soñado con todo detalle, como si hubiese estado presente.

Se señala que días después diferentes testigos ven a orillas del mismo lago, una figura alta y ensotanada, cercana a los dos metros de altura y vestida completamente de negro.

Por último y volviendo al lugar de origen, la “casa encantada” de nuestra protagonista, una vez ya que se mudaron y quedó deshabitada, la joven y sus amigos seguían acudiendo para realizar sus actividades de ocio. Cuentan, que una noche la joven dejó las llaves de la casa a sus amigos, ya que ella no iría, así que fueron su amigo con su novia y otra pareja más a la casa. Una pareja se encontraba en el salón y la otra en la habitación del 2º piso (la de la protagonista). La chica que estaba en el salón sintió como si alguien les observara desde la puerta, al momento  empezaron a oír pasos en las escaleras que subían pausadamente al primer piso y un sonido como si fuese arrastrando el hombro contra la pared. Ante esto, el chico se levantó y salió del salón para ver si había alguien, lo que pudo ver le dejó helado. Una “sombra” de un hombre robusto, de unos 180 centímetros de altura, que continuó caminando hacia la escalera que daba al segundo piso. El corazón les dio un vuelco cuando vieron claramente reflejando la luz exterior de la farola sobre un objeto que empuñaba esa sombra, era un gran cuchillo. De esto no tienen ninguna duda, presos del pánico dieron gritos avisando a la pareja de arriba para que salieran de la casa rápidamente. Alarmados, la pareja bajó rápidamente sin toparse con nadie, pero al salir el último de ellos por la puerta, sintió como una fuerza descomunal le empujaba, saliendo despedido hacia la cuneta y dejándole unas marcas de manos afiladas en la espalda. Siendo testigos los otros tres, de cómo así se producía el hecho.

A veces la realidad puede superar a la ficción, y como estos casos parecen sacados de una película de terror no pude contener la curiosidad de tener la opinión de Lorenzo sabiendo que había realizado la investigación in situ pasando la noche en aquel domicilio él solo. Resumiendo sus palabras fueron las siguientes: “El sitio era muy extraño. De lo que no tengo duda alguna es de que los chicos no mentían; no sé lo que vieron, pero no mentían.”

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