La mujer iluminada

2020 © Santi García (Arqueólogo y escritor)

No hemos de confundir esta experiencia con la mujer de blanco que fue emparedada en el Castillo del Cerro de la Concepción y que ya tratamos este asunto en Crónicas del Misterio Vol. I, junto con Eppo Cardelo. Nos situamos en las afueras del centro histórico de Cartagena, en las proximidades del puerto pesquero de Santa Lucía, entre la zona del antiguo tren y el cipo miliario que marca la salida hacia el este de la ciudad y el inicio del camino que lleva al cementerio de Los Remedios de Cartagena.

A lo largo de este entorno hemos podido documentar varios casos en los que se ha visto a una mujer iluminada andado, rezando o intentando interactuar con los testigos. Todos los testimonios, muy alejados en el tiempo, hablan del miedo que les transmitió la aparición, y nadie sabe qué era “esa mujer”

El primer caso documentado es el de Ana, una señora que sólo tenía unos 6 años de edad cuando tuvo la experiencia de ver a esta ánima. Cronológicamente estamos en las primeras décadas del siglo XX y comenta que ella volvía con su padre por la antigua vía del tren (hoy totalmente anulada y en desuso) cuando la visión de una mujer llama poderosamente su atención, hasta el punto de que se lo comenta a su padre, que también la ve pero apenas hace caso. Ana nos comenta que veía a esta mujer vestida con una túnica blanca y que se puso mirando hacia el puerto en actitud de rezar, o al menos, eso es lo que recuerda; la mujer estaba totalmente inmóvil y lo que más nos trasmite Ana es el miedo que le daba tanto la pose como la apariencia del espectro. Aunque en un principio no la relaciona con un fantasma o con energía residual si es cierto que nunca ha sabido qué es lo que ese día observó.

Hasta que pasados muchísimos años (década de 1980) en un reunión familiar un primo suyo comenta que una bola de luz blanca se le acercaba a gran velocidad. Él se agachó para que no le diera y cuando se levanta ve a una mujer vestida de blanco y que irradiaba una potente luz. El susto que le dio fue tal que salió corriendo sin pensárselo más tiempo. Es en ese preciso instante cuando Ana comenta lo que ella había visto de niña y llegan a la conclusión de que estaban hablando del mismo fenómeno. Volvemos a hablar del profundo miedo que les daba la visión y que a día de hoy ninguno de los dos sabe qué es lo que vieron. Actualmente una vez al año quedan para comentar este fenómeno.

Entorno al año 1988 varios vecinos de Santa Lucía hablan de que ven, en diferentes momentos del día, a una “señora blanca que se iluminaba”, y a mediados de los años 1990 varios niños ven a una señora que “expulsaba luz desde su cuerpo” andando por la antigua vía del tren.

Es muy curioso este caso pues hemos podido documentar hasta 6 personas hablando de la misma experiencia, con décadas de diferencia y sin conexión alguna entre ellos. 

Las investigaciones nos llevan también a la zona del Castillo de la Concepción, en donde en el año 2012 nos llega el caso de un policía que habla de lo que le sucedió a un compañero suyo que estaba haciendo la ronda cerca del Parque Torres. A lo que empezó a escuchar un sonido raro y vio como una luz como de linterna. Se apresuró a la zona donde pasaba todo eso para ver si se habían colado a hacer grafitis o algo, por el camino llamo a un coche de la policía para que fueran allí por si acaso.

Cuando llego al sitio de los ruidos, se encontró a una mujer iluminada completamente. Como si la luz le saliera de dentro. El policía cuando vio, salió corriendo y Cuando llegaron sus compañeros se encontraron al policía medio descompuesto y decía que no quería volver a subir al parque. Los compañeros revisaron la zona y no vieron nada raro.

Estas experiencias que hablan de una mujer iluminada en muchos casos la tradición popular las relacionan con apariciones marianas aunque también podemos ponerla en conexión con la leyenda de la Nao fantasma de Cartagena (Vicente García de Diego en Leyendas de España): 

“En el año 1618 levantóse en Cartagena la Tela de Regimiento, palenque destinado a torneos, justas, lizas, juegos de sortijas, carreras de cañas y otros espectáculos caballerescos propios de la época en que se rendía culto a la destreza en el ejercicio de las armas.
Entre los muchos y arrogantes caballeros que se presentaron al torneo, sobresalía, por su arrogancia, don Luis Garre, de Cáceres, apuesto mancebo que entusiasmaba, no sólo al populacho, sino a las más linajudas damas de la nobleza.

Don Luis había vuelto a Cartagena después de dos años de ausencia; alejamiento casi obligado por una historia infamante en sus amores con doña Leonor de Ojeda, hija del alcaide del castillo que más tarde se llamó de la Concepción.

Esta dama, a quien amaba, desde años atrás, don Luis, tenía amores con el musulman Yusuf Ben Ah, que para poder convivir en una sociedad donde imperaba el espíritu de intransigencia religiosa, había fingido la conversión, adoptando el nombre de don Carlos Laredo. En secreto, y en la intimidad de su hogar, practicaba, junto con su padre Mohámed y su hermana Fátima, la fe de Mahoma.

Enterado don Luis de esto, y deseoso de desembarazarse de don Carlos, a fin de tener el camino libre hasta llegar hasta doña Leonor, denunció al de Laredo, o, mejor dicho, a Yusuf, y el Santo Oficio le condenó a la hoguera, donde murió proclamando su fe mahometana.

El viejo Mohamed cayó en profunda melancolía, animándose únicamente cuando, junto con su hija Fátima, hacía planes para vengarse de don Luis, que había desaparecido de España. Murió, por fin, el anciano; pero antes hizo jurar a su hija, por Alá, que ella realizaría la venganza que entre ambos habían planeado.
Cuando, pasados dos años, apareció de nuevo don Luis en las justas y torneos de Cartagena, quedó sorprendido al recibir una misiva en la que se le decía que «si para amparar a una dama era tan valeroso como por la tarde en la Tela, le esperaban al toque de queda en el molino derruido enclavado en el arranque del camino de Canteras».

Pensando que tal vez se trataba de un lance amoroso, acudió el arrogante don Luis a la cita. En el lugar indicado se encontró con una dama tapada, que le recibió cariñosamente, ofreciéndole un refresco. El caballero apuró de una sola vez el líquido y, transcurridos unos momentos, cayó como herido por el rayo.

La tapada atole fuertemente de pies y manos; después salió del molino e hizo una seña. Aparecieron, a su gesto, dos hombres que llevaban una litera, sobre la que colocaron a don Luis, y seguidos por la dama emprendieron el camino por la falda del monte Sicilia, hoy monte y castillo de Atalaya, hasta llegar a la cala llamada Algameca, en recuerdo al santo morabito Selim El Algamek.

Se acercó a la playa un ligero esquife, en el que embarcaron la dama y el cuerpo inerte del caballero. La pequeña embarcación atracó a una galera en cuyo mástil flameaba el estandarte de la media luna.

Mientras unos marineros levaban anclas, otros bajaron al sollado el cuerpo del caballero Garre. La nave hizo rumbo a Argel, cortando las aguas del Mediterráneo.
Bajó la dama al sollado y acercó a la nariz de Garre un pomo de sales, que le devolvieron el conocimiento. Cuando vio ante sí a Fátima, la sangre se heló en sus venas. Intentó levantarse; pero fuertes ligaduras se lo impedían. Ante su imaginación apareció la imagen de Yusuf: su tormento, la hoguera… Comprendió que había llegado su última hora.
Fátima, sombría, parecía el ángel del mal. Erguida ante el caballero, pronunció su sentencia. Comería el pan de la esclavitud; pasaría su vida encadenado al banco del galeote; el látigo del arráez laceraría su cuerpo, y su existencia sería para él una pesada y dolorosa carga. Yusuf y Mohamed estaban vengados. Salió luego del sollado, y don Luis quedó en la mayor desesperación.

Una vez solo, don Luis decidió escapar o morir luchando. Después de titánicos esfuerzos, consiguió romper las ligaduras de sus manos. Recordando que del techo de su prisión pendía una linterna, pensó encenderla para preparar la huida. Sacó de su escarcela eslabón y pajuela, que encendió rápidamente. Un brusco viraje de la nave le hizo, perder el equilibrio. Cayó, y dejó escapar de su mano la pajuela encendida sobre un montón de estopa y jarcias embreadas, que ardieron al punto.
Envuelto en humo y aterrorizado por el peligro, el hidalgo buscó la salida. A la luz de las llamas, vio con espanto, junto a ellas, una barrica de las destinadas a guardar pólvora.
Perdida la esperanza, hincose de rodillas, pidiendo perdón al Redentor por sus muchos pecados.

Una horrenda detonación atronó el espacio. Trozos de bajel, cadáveres mutilados, fragmentos de objetos, fueron lanzados por el aire. Una nube negra elevose hasta el cielo, y el mar borró una tragedia cuyos protagonistas se hundieron para siempre en sus profundidades”.
Cuentan los pescadores de estas costas —Escombreras, Portús y La Azohía— que todos los años, al alba del día de la Virgen, se oye un pavoroso estruendo, como un cañonazo, que desvanece bruscamente
una sombra flotante, cuya silueta se parece a una nave que ellos han bautizado con el nombre de la Nao Fantasma.

En este sentido y atendiéndonos al contenido de la leyenda, es muy probable que los testimonios que hemos traído en esta investigación se refieran a esa dama blanca protagonista de esta historia y que siempre se la ve mirando al mar.

La totalidad del contenido de este artículo/reportaje pertenece y es responsabilidad exclusiva de su autor.

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