LA GARDUÑA: ¿LEYENDA O REALIDAD?

2020 © Santi García (Arqueólogo y escritor)

La Garduña era una peligrosa sociedad oculta y hermética que estaba fuera de toda ley. No se sabe con exactitud cuándo se crea, pero algunos investigadores afirman que nace en el siglo XV y desaparece hacia el XIX, pero para muchos otros existe la creencia de que esta sociedad secreta sigue en activo y ha continuado con sus actividades hasta el día de hoy. Esta sociedad, había nacido en el contexto de las sociedades criminales en las que se desarrollaba poder. Tenían una gran complejidad a nivel organizativo para que nadie, incluidos sus componentes, conociera las misiones u objetivos que se estuvieran realizando en momentos determinados; pensemos que también era una forma de protegerse pues en el caso de descubrir a alguno de sus componentes la información que podría aportar de la propia Garduña sería muy escasa e insuficiente como para dar con ella ni seguir algún tipo de pistas para su eliminación.

Para muchos historiadores La Garduña es el germen, el origen de muchas de las sociedades criminales mafiosas actuales como es la Camorra napolitana. Si retrocedemos en el tiempo, lo que sí sabemos es que la tesis más aceptada que nos habla sobre el origen de la camorra napolitana, es que llegó de España. Su definición «Camorra» vendría del antiguo español «gamurri» o «Jefe de la banda», que era el nombre con el que se definía a las bandas de bandidos y criminales que pululaban en las montañas de España, 96 Muchos historiadores apoyan que el origen de la mafia italiana tuvo lugar en las sociedades secretas de la España del siglo de oro. En Toledo, más concretamente, y que desde allí se trasladaron a la península itálica alrededor del año 1300. Por otro lado La Garduña es una sociedad que nace en Toledo en el año 1412. De esta sociedad, forman parte una serie de grupos organizados que por seguridad, tienen como norma, no dejar nada por escrito.

Por ese motivo no se conocen de ella ni tan siquiera quiénes son y el número de sus componentes, lo cual hace muy complicado seguir su rastro por parte de los historiadores. Cualquier persona de diferente estatus social podía formar parte de esta sociedad criminal secreta. Aunque no sabemos cuál es el motivo real por el que la parte más tradicional de la historiografía defenestra la historia sobre esta sociedad secreta, podemos localizar el rastro que nos lleva a ella, gracias a la tradición oral y por los cuentos en los que esta temática aparece, por ejemplo en las obras de El Buscón de Quevedo o el de una de las doce narraciones breves incluidas en las Novelas ejemplares, publicadas en 1612 por Miguel de Cervantes Saavedra, Rinconete y Cortadillo. En esta obra se habla de tribus urbanas, de grupos organizados que asaltaban casas y viviendas de musulmanes y judíos para luego vender sus pertenencias, con el pretexto y bajo la protección de la religión católica. Es decir, en base a una búsqueda del infiel para convertirlo y evitar la herejía, aquello que promulgaba el catolicismo. Los criminales de entonces cometían estos delitos en nombre de Dios, y en su nombre cumplían con devoción, con los preceptos religiosos, así que daban misas por los difuntos, rezaban el rosario, no robaban o como ellos decían «guardan» los viernes, y sentían una gran devoción por las imágenes religiosas.

SU ESTRUCTURA

Los miembros de esta sociedad criminal, tenían la misma estructura jerárquica que puede tener hoy en día una hermandad o cofradía, en la que quien conocía de verdad, cualquier aspecto de la sociedad o quien daba las órdenes sin textos de por medio, sin pruebas documentales, era el Hermano Mayor o Gran Maestre de esa orden, de la cual nadie conocía a sus componentes. Por debajo de él estaba El Capataz, que había uno por ciudad, y era el encargado de organizar a dos grupos de personas llamadas: Los Punteadores. Estos eran los matones o criminales que ejecutaban los delitos y por otro lado tenemos a los Floreadores, que eran los ladrones que adquirían objetos robados de musulmanes y judíos, y más adelante incluso de católicos. También nos encontramos a Los Postulantes que eran los encargados de marcar a los dos anteriores el objeto o persona al que había que matar o robar.

Por debajo de éstos aparecen Los Fuelles o Aprendices divididos en cuatro grupos: Los Soplones que eran los mendigos o ancianos que aprovechando su condición, tenían acceso a casas o espacios con mayores riquezas; Los Chivatos que eran las personas infiltradas en todos los estamentos de la sociedad y que eran transmisores de información privilegiada, precisa y necesaria para realizar con éxito la misión u objetivo, el «delito», Los Correteros que eran también los encargados de vender el material sustraído y robado y Las Sirenas que eran las prostitutas que sacaban información a sus clientes. Estas sociedades secretas eran sociedades de delincuentes muy bien organizados con santo patrón e incluso un lenguaje propio: «las germanías», una jerga utilizada por las cofradías de malhechores de aquella época. Como podemos ver, era como la mafia actual y de siempre, un entramado espectacular, en el que todos debían obediencia al Maestre, jefe o capo superior, pero incluso sin saber y conocer quién era ese maestre, al estar toda la información interna, compartimentada para que no se rompiera el silencio y el secreto. Fue una sociedad secreta tan eficaz, en la que el silencio y el secreto eran ley, que aunque no existen muchos documentos que nos hablen de ella, todo el pueblo llano conocía los “trabajos” y la actuaciones de este gremio.

De otro lado era muy importante que el iniciado desconociera por completo la estructura organizativa y llevara hasta las últimas consecuencias esta «ley del silencio». Esto se responde fácilmente si tenemos en cuenta que, en el caso de ser apresado o que el plan inicial saliera negativamente, esa persona que acaba de dar sus primeros pasos en esta sociedad no pudiera delatar a nadie, además de hacer prácticamente imposible el seguir la pista de la misma.  roles de los integrantes de esta sociedad que actuaba entre las sombras.

ANTES MÁRTIRES QUE CONFESORES

Para poder organizar y llevar a cabo cualquier delito, existían una serie de reglas o principios a los que se les debía una obediencia absoluta. De hecho existían ocho reglas de obligado cumplimiento que se transmitían de generación en generación, por medio del adoctrinamiento y la tradición oral. Cuando se iniciaba el aprendizaje para acceder a la sociedad es cuando son aprendidas. Estas eran:

 • Hay que tener buen ojo, buen oído, buenas piernas y poca lengua.

 • Recibir bajo protección a mujeres que sufran persecución por la justicia. • Los Chivatos no podrán, una vez sido iniciados, montar negocios por sí solos.

• Los Punteadores se encargarán de los negocios de más cuantía.

• Los Floreadores vivirán a costa de sus uñas con un tercio de sus negocios y dejaran algo para las ánimas del purgatorio, cada uno vive de sus robos y una parte se le dará a la hermandad, que es de donde la hermandad saca beneficio para continuar con sus obras o misiones.

• Los Encubridores recibirán el diez por ciento de todas las sumas.

 • Las Sirenas se quedarán los regalos de los nobles.

• Antes mártires que confesores, esta es la regla máxima.

Como se puede apreciar estas reglas tienen una similitud importante con la Mafia siciliana o la Camorra Napolitana, «Antes muertos que delatores». Hay quien especula que La Garduña fue el precedente de lo que actualmente conocemos como las sociedades secretas de los masones e iluminati, algo que aún está por demostrar, pero de lo que si hay verdaderos y probados indicios es que 81 el origen de la Camorra Napolitana y el origen de la Mafia Siciliana provienen de La Garduña española. Hay una leyenda que nos cuenta, que esa Mafia fue creada por tres caballeros españoles que procedieron de La Garduña: El Conde de Osso, junto a los caballeros Mastrosso y Cardagnosso. Estos personajes aparecen en un poema anónimo del siglo XVIII que nos cuenta su huida en el siglo XV desde Toledo, tras vengar con sangre el honor ultrajado y la muerte de su hermana. Tras la huida, estos tres caballeros se refugiaron en una isla de las Islas Egadas la Isla de Favignana, cerca de Sicilia. Con el paso del tiempo Osso se aloja en la Isla de Sicilia creando la Cosa Nostra, Mastrosso en Calabria, en lo que hoy es el territorio de la temible Ndrangheta y Cardagnosso en la Campania dando origen la Camorra Napolitana.

Su Influencia política y económica es una consecuencia de la estructura de la propia hermandad. Conforme la Garduña, se va infiltrando entre los grupos sociales y los estamentos de la administración de la época, y conforme se acercan a las herramientas que controlan el devenir político de la España Moderna, aumenta su poder e influencia. No era necesario que los Maestres llegaran a ser alcaldes o administradores de los concejos, sólo estando cerca de los alcaldes y de los concejos, y comprando voluntades, haciendo ofertas que «Nadie podía rechazar» controlaban la vida cotidiana de todos los ciudadanos del entorno y todos los movimientos económicos del poder político y eclesiástico. Podemos imaginar entonces su enorme poder, cuando con el paso de los siglos sus niveles de influencia llegaron y han llegado posiblemente hasta nuestros días…

¿EL FIN DE LA GARDUÑA?

De estas personas de las que nadie conocía su existencia, sí podemos afirmar, sin lugar a dudas que tuvieron mucha 82 influencia en las sociedades de todas las épocas. Entre sus integrantes podemos encontrar a gobernadores, inquisidores, secretarios, clérigos, directores de prisión, militares y alcaldes. Estas actividades, debido a su codicia y vanidad hicieron que esos capos de la garduña, «Los Maestres», alcanzaran un gran poder económico, social y político. Para algunos investigadores esa vanidad y esa codicia, sobre todo en los últimos años del siglo XIX, fue la causante de su «teórica» desaparición. Gracias a esa vanidad y a esa «inmunidad» que creían que tenían por designio divino, se volvieron más imprudentes, hasta tal punto que no les importó escribir sus hechos en lo que ellos llamaron «El Libro Mayor», en el cual detallaban de manera heroica y poética sus aventuras y hechos delictivos, desde sus orígenes hasta nuestros días. Este libro fue descubierto de manera casual, en el año 1821 en casa de un Maestre y Hermano Mayor llamado, Francisco Cortina, al ser detenido por un oficial de cazadores, bajo la acusación de asesinato. A consecuencia de este hallazgo, el veinticinco de noviembre del año 1822 se detiene a todos los Hermanos Mayores de los que se tenía constancia y a todos sus secuaces. Tras un juicio sumarísimo, se les juzga y se les ejecuta a todos ellos sin excepción en la Plaza Mayor de Sevilla, un hecho que queda reflejado y está constatado en las crónicas de la época.

Estos hechos muestran una gran similitud con lo que ocurre hoy en día, ya que demuestra la hipocresía de la sociedad y de los políticos que se habían lucrado como cooperadores necesarios de los delincuentes, en donde mientras que los hechos quedan en secreto y no se conocen, todos los estamentos sociales entran en ella y se aprovechan como en muchos casos hacían los alguaciles, o los funcionarios de justicia que a cambio de dinero, miraban para otro lado a las actividades que realizaban los delincuentes. De hecho, son las clases sociales más elevadas las que encargan al hampa los trabajos sucios pero en el momento en el que todo se descubre y sale a la luz un manuscrito en el que se relataba a modo apológico las aventuras de este grupo de personas con hechos, nombres, fechas y todo tipo de detalles que, a la postre, fue clave para la desaparición de la sociedad. Documentos incriminatorios, esos mismos dirigentes se rasgan las vestiduras y buscan y acusan a las cabezas de turco para cubrirse las espaldas y acabar con esta hermandad secreta tan útil para sus negocios oscuros y a la vez tan incómoda.

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