«Campo de concentración en Logroño»

2020 © Alexandra Fernández (investigadora y escritora)

Serían las tres de la madrugada y las calles estaban llenas de curiosos que nos miraban como si fuéramos fantasmas, y, por la rapidez con que se marchaban, creo que se llevaron una gran decepción. Hacían tanta propaganda, que esperarían vernos con rabo o algo parecido, y como vieron que éramos iguales que sus soldados, se comprendía que buscaran la cama con rapidez. La plaza de toros de Logroño era el campo de concentración y, debajo de sus gradas, en colchonetas y en el suelo, teníamos los dormitorios.

Tremenda descripción del miliciano malagueño Antonio Torres Morales narrada en su autobiografía “Recuerdos de guerra y represión de un miliciano malagueño”, a su llegada el 5 de enero 1939 a la plaza de toros de “La Manzanera” en Logroño como prisionero de guerra.

Veamos brevemente un poco la historia de este lugar, ya que no es la única plaza de toros alzada en la ciudad. Cuentan que a mediados del siglo XVII donde hoy se sitúa el Cuartel de la Policía Nacional, se localizaba la plaza de “El Coso”, donde se realizaban todo tipo de espectáculos, taurinos o no. En 1858 se construye una plaza de madera en lo que hoy sería Gran Vía, con la calle Fundición, ésta solo destinada al toreo. El 5 de Octubre de 1863, otra plaza con mayor envergadura sustituye a las anteriores, ubicada entre la calle Duquesa de la Victoria y Avda. Colón, actualmente. Dicen que en su edificación se aprovecha parte de la muralla que rodeaba nuestra ciudad. El 9 de Julio de 1914 un incendió acaba con esta plaza, por lo que se decide levantar la plaza de toros que nos atañe. El edificio fue inaugurado el 5 de septiembre del 1915, ejemplo de arquitectura neomudéjar, obra del arquitecto logroñés Fermín Álamo. Aunque esta no será la última plaza de toros que emerja en la ciudad, ya que en la actualidad, tras el derribo de “La Manzanera” en octubre del 2002 aparece la plaza de Toros de “La Ribera”.

Centrándonos ya en “La Manzanera” no como lugar lúdico taurino, sino en su cara más oscura cumpliendo la función de campo de concentración desde 1937, podemos decir, tanto por testimonios de presos, como por la escasa información recopilada en noticias de prensa… que este campo tenía la función de depósito, de lugar donde se clasificaba a los presos republicanos que llegaban para destinarlos a otros campos, se puede decir que era, un lugar de paso; pero no por ello menos dramático. Y esto lo podemos comprobar tanto en la autobiografía de Antonio Torres, como en muchas otras experiencias relatadas por los desafortunados que estuvieron allí. Como es el caso de un preso vasco (eran mayoritariamente vascos). La revista “Piedra de Rayo” le entrevista y cuenta como estuvo preso en la plaza de toros entorno a julio-agosto del 1937. Relata una serie de sucesos, por ejemplo que su compañero se suicidó con una cuchilla de afeitar. Por otro lado una mujer cuenta su experiencia de cómo viajó varias veces a Logroño para visitar a su hermano preso y en ninguna ocasión le dejaron verle.

Antonio además en su libro cuenta alguna anécdota más, que nos pone en situación de cómo era la estancia allí: “(…) pedían informes a los pueblos o ciudades de donde era cada uno y, según era el informe, así sería nuestro destino.” A Antonio le enviaron al campo de concentración de Miranda de Ebro. “(…) En las primeras horas de la mañana nos cogía el cura y nos leía la vida de Franco, sentad os en las gradas de la plaza de toros. Nos dejaba el cura y nos cogía un sargento bajito y regordete que nos mandaba subir los escalones de la plaza, al son de su voz chillona: ‘¡Izquierdo, derecho, un, dos, tres!’. Algunos hombres se caían y no se les podía socorrer, porque los demás teníamos que seguir subiendo y bajando por temor al sargento y a su fusta, un hombre lleno de odio y rencor que maltrataba a hombres indefensos.”

Esto son sólo unas pinceladas de lo que ahí se cocía. En el 2003 “Piedra de Rayo” hacía un llamamiento, convocaba una ayuda de investigación histórica para documentar el uso de la plaza de toros como campo de concentración franquista. David Rojo sería becado por tal fin. Cual fue la sorpresa de todos cuando en su investigación descubrió en el Archivo Histórico General Militar de Ávila, legajos que citaban en Haro otro campo de concentración de características similares a las de Logroño. Se piensa que estaba ubicada en una antigua fábrica de curtidos, cuya localización exacta ignora.

Hagamos de estas líneas un homenaje al mudo recuerdo de la historia de este lugar y los protagonistas que por allí pasaron con mejor o peor suerte.