El Origen Hispano de Halloween

2020 © Santi García (Arqueólogo y escritor)

El  origen de la palabra y la festividad se encuentra muchísimo más cercana a España de lo que nosotros mismos podemos llegar a imaginar. Halloween es el acrónimo de «All Hallow’s Eve» que básicamente viene a decir «La víspera de Todos los Santos».

Es cierto que la palabra Halloween tiene un origen etimológicamente anglosajón pero no es menos cierto que se trata de una tradición que viene de mucho más antiguo (siglos V-IV a.C.), de un pasado y unas costumbres arraigadas ya en tribus celtas y también en ritos romanos, los cuales llegaron desde el norte de Europa (pueblos germanos) y se difundieron por el sur, concretamente a nuestra península ibérica y por el norte de España a la Bretaña Francesa y sur de Irlanda. Una vez allí, y a lo largo de los siglos, esas costumbres se fueron transformando, adquiriendo características propias hasta que en el siglo XIX, cuando la empobrecida población irlandesa emigró masivamente a América en busca de un futuro, son trasladadas a tierras americanas, configurando la tradición que hoy todos conocemos.

El viaje de los poblados celtíberos nos lo describe Bryan Sykes, genetista de la Universidad de Oxford, que elaboró, en base al ADN de 10.000 voluntarios, un estudio sobre el mapa genético de Irlanda e Inglaterra, mostrando la vinculación de la población actual con antepasados provenientes de la Galicia céltica y la franja cantábrica.

Dioses celtas

Halloween tiene un indudable entroncamiento directo con esas divinidades celtas y latinas, como por ejemplo la diosa celta Pomona, que es la Deméter romana, responsable de la agricultura y del florecimiento de las cosechas.

Si somos observadores caeremos en la cuenta de que hay tres momentos a lo largo del año donde florecen las cosechas: primavera, verano y otoño. En este sentido, existe otra tradición que cuenta que aproximadamente a partir del 31 de octubre todas las fuerzas de la naturaleza vuelven a recobrar su energía, que es lo que hace que la diosa Deméter (Pomona) consiga hacer su trabajo y ciclo vital.

Otra divinidad es la que hemos podido documentar con el nombre Samhain, a quien hallamos en las tradiciones cel- tas; era el dios del inframundo al cual se dedicaba una festividad. A su nombre se consagraban ritos y sacrificios de forma anualizada, más concretamente a finales de octubre y principios de noviembre (desde el punto de vista de nuestro calendario Gregoriano), con el fin de celebrar el final de la temporada agrícola, la recogida de las cosechas y el inicio del invierno.

En las tribus, los druidas, que eran los sacerdotes de la comunidad, adquirían la capacidad para conectar con el inframundo, con los espíritus de los muertos, para poner en contacto a esos entes del más allá con el mundo de los vivos, e incluso podían tener ciertas dotes adivinatorias; pero eso sucedía un solo día al año. Aquí es donde podemos entroncar directamente la tradición de todos los santos con el All Hallow´s Eve (contacto con las ánimas).

También encontramos en los yacimientos arqueológicos de la zona del Miño a Morrigan, diosa celta de la muerte y la destrucción pero también de la fertilidad y la sexualidad y de la abundancia en las tierras. Esta diosa representa la renovación, el paso de la muerte para una nueva vida, el amor y el deseo sexual.

Otra divinidad a destacar es Dagda, dios principal de la mitología celta irlandesa, uno de los jefes integrante de la tríada celta. En la festividad de Samhain, el dios padre Dagda se une como amante a Morrigan, sellando así su asociación con la fertilidad de las tierras y las cosechas, lo que convierte a estos dos dioses (Morrigan y Dagda) en dos figuras muy importantes dentro de esta festividad.

Esta festividad surge como una mezcla de rasgos culturales aglutinados por el paso del tiempo. Cuando una cultura con- tacta con otra, sus costumbres se fusionan o se influencian entre sí. Es justo lo que sucedió cuando los romanos y las tri- bus íberas conquistan e inician la colonización de las islas bri- tánicas; desde entonces comienzan a incorporar tradiciones como son el calendario o todo su acervo cultural de dioses, mitos y leyendas. Eso es lo que promueve que la festividad del Samhain se expandiera por todo el imperio romano.

En el siglo VII, el papa Bonifacio IV, en un intento de darle un marco sacro o sagrado a esta tradición pagana, incorporó la tradición celta reconvertida con el fin de que aquellas gen- tes pudieran encontrar un lazo de unión con esa religión y se convirtieran con mayor facilidad. A lo largo y ancho del paso de los siglos, esta tradición va sufriendo una serie de transformaciones hasta que a mediados del siglo XIX se desliga, por un lado, la tradición americana o anglosajona protestante y, por otro, la tradición cristiana y católica; a la que hay que añadir las costumbres de la América Hispana.

Antes de la reforma de Bonifacio IV se celebraba una vez a la semana   pero tras la reforma del Papa se estableció la festividad en una vez al año.

Tras el descubrimiento de América se entremezclan y se trans- forman las tradiciones, sobre todo en la América Hispana donde, desde tiempos inmemoriales, existía la tradición de honrar a los difuntos. En ese sentido, las crónicas de Hernán Cortés hablan de una festividad que algunos pueblos nativos celebraban al mismo tiempo que los hispanos.

Esos pueblos celebraban ceremonialmente algo parecido, aunque vestidos con una suerte de ropaje y con unas máscaras de cabeza de animales, algo que para los hispanos resultaba en principio fascinante y grotesco. A través de esos estrafalarios y llamativos disfraces, los indígenas de la época precolombina mostraban y buscaban la manera de enmascararse e integrarse en el mundo de los espíritus para así evitar su propia muerte.

Esta celebración procede precisamente de una tradición de origen precolombino, en la cual los vivos se burlaban de la muerte, simplemente por el hecho de estar vivos y no haber caído aún en las garras de la muerte.

Si pudiéramos hacer un viaje en el tiempo, lo primero que nos llamaría la atención es que en esa época del año lo normal sería estar en las casas en absoluta penumbra. Las familias se disfrazaban de entes o de muertos vivientes con el motivo de confundir y evitar a los espíritus, haciéndoles creer que en esas casas no había seres vivos, impidiendo así que estos seres del más allá pudieran dañar al clan familiar. De este engaño,

de este juego en el que los vivos se burlan de la muerte, nos llega hasta nuestros días la tradición de disfrazarse en estas fechas como muertos, monstruos o seres de ultratumba; unos disfraces que servían para confundir a los malos espíritus y evitar así que se los llevaran con ellos y atormentaran el alma por toda la eternidad.

La totalidad del contenido de este artículo/reportaje pertenece y es responsabilidad exclusiva de su autor.

PUBLICIDAD