LA EPIDEMIA DEL BAILE

2021 © Santi García (Arqueólogo y escritor)

Son muchas las epidemias que han azotado la historia de la humanidad y muchas más las que están por llegar, pero estamos seguros de que algunas han calado en el acervo popular y muchos de nosotros apenas somos conscientes. En algunas ocasiones el misterio que encierran estos episodios ha llegado hasta nuestros días. Es el ejemplo que os   presentamos en el presente artículo, una de esas historias basadas en hechos reales y que aún a día de hoy no tiene explicación. Vamos a repasar los hechos ocurridos en el año 1.518 en Estrasburgo (Francia) cuando cientos de personas fallecieron a causa de paros cardíacos. ¿Qué es lo que sucedió?¿Estaban en casa cuando se les paró el corazón?¿En el campo o la ciudad, tal vez? No, estaban…bailando.

En aquellos tiempos fue una verdadera locura y una especie de acto de brujería ver como desfallecían y morían aquellos danzantes y casi todos al parárseles el corazón. En el presente artículo vamos a intentar arrojar un poco de luz ante este hecho tan sumido en la oscuridad, tanto de los tiempos como de la ciencia.

Centrémonos en los hechos: una mañana del mes de  julio del año 1.518 una mujer de alta cuna, la señorita Fau Troffea, comenzó a bailar de una forma estrambótica y al poco tiempo se vio rodeada de 20 personas también “bailando” como ella. Conforme pasaban las horas y los días comenzaron a danzar de forma alocada decenas y decenas de personas, llegando hasta las 400. La mortífera danza duró horas e incluso días, hasta el punto de que, como hemos apuntado anteriormente, muchas personas fallecieron a causa de infartos. En los momentos álgidos del brote llegaban a morir hasta 15 personas al día.

Grabado de Hendrik Hondius (1.642)

Entre los bailarines fueron documentados desfallecimientos, invalidez en las piernas, ataques epilépticos, infartos, derrames o caídas que les llevaron a la muerte, como demuestra John Waller en su libro Un tiempo para bailar, un tiempo para morir: la historia extraordinaria de la plaga danzante de 1518.

Los registros históricos que documentan este hecho así como notas de las iglesias o notas emitidas por el ayuntamiento de Estrasburgo durante el apogeo de la epidemia no a lugar a equívoco sobre el origen de las muertes, esto es, el propio baile.

Ante los acontecimientos descritos hay varias preguntas que se nos viene a la mente: ¿era un caso de brujería? ¿Se trataba de una enfermedad contagiosa?, ¿una maldición divina?, ¿una posesión demoníaca grupal?

Los científicos contemporáneos descartaban que el origen de esta epidemia estuviera en hechos extraños o sobrenaturales y lo achacaban a que la sangre de las víctimas cogía demasiada temperatura a causa de los movimientos de la danza y ese era el factor de riesgo que acaba por colapsar los cuerpos de los fallecidos.

Los síntomas que eran identificados en estas personas eran agotamiento, dolor corporal, desajustes intestinales, dificultad al tragar o “aparición de bultos”. Todos ellos, hoy en día, podrían ser diagnosticados como algún tipo de cáncer.

Manía de la Danza, de Pieter Breughel (1564-1638)

Siguiendo a Waller las ciudades en las que eran diagnosticadas esta “epidemia” los alcaldes llegaron a construir escenarios para que la gente pudiera danzar y bailar, con la idea de poder “combatir la enfermedad”.

Por su parte Eugene Backman en 1.952 busca en su libro Danzas religiosas en la iglesia cristiana y en la medicina popular un posible origen biológico o químico de la enfermedad, de esa forma de bailar sin descanso, de una manera cuasi sobrehumana. En su tratado habla de la posibilidad del moho del cornezuelo del centeno – del que se sintetiza el LSD – y que en aquella época era consumido a través del pan realizado con el cereal ya enmohecido, muy típico en épocas de carestía o en ambientes urbanos, ya que era motivado por la necesidad de fabricar pan a gran escala para dar de comer a grandes cantidades de personas y el cereal era recolectado sin filtrar y sin seleccionar el grano bueno del grano malo. Recordemos que los años anteriores a esta epidemia de 1.518 los países europeos se vieron azotados por hambrunas, helados inviernos y abrasadores veranos, lo que llevó a una crisis de subsistencia y a miles de personas a mendigar por las calles. O lo que es lo mismo, el caldo de cultivo perfecto para recolectar el grano de trigo infectado con el cornezuelo de centeno y pasar desapercibido. Enfermedades como viruela, sífilis o lepra tampoco ayudaban a mejorar las condiciones de vida.

Al ser ingerido a gran escala por las personas puesto que formaba parte de una dieta básica de subsistencia – recordemos que lo que estaban consumiendo era pan – lo que posiblemente sucedía era que en su cuerpo metabolizaban el LSD, lo que cual les producía una serie de movimientos descontrolados, convulsiones violentas, delirios y les llevaban irremediablemente a la muerte al no ser tratados de forma adecuada.

Contra esta teoría hemos de pensar que el cornezuelo de centeno provocaba necrosidad en los miembros de las personas (tratado con el famoso “fuego de San Antonio” de los monje antonianos) por lo que podemos llegar a pensar que no podrían bailar durante tanto tiempo, al menos todas las personas que presentaban síntomas.

Los danzantes presentaban – según Waller – expresiones de miedo y desesperación al no poder controlar esos impulsos que les llevaban a moverse de una manera atópica y sin control; lo que para sus coetáneos fue llamado baile.

Este mismo hongo parece estar detrás de lo acontecido en los famosos  juicios de Salem y en algunos expedientes de caza de brujas, en donde éstas desarrollaban “sucesos extraordinarios”.

Muchos historiadores hablan de esta epidemia con  la referencia a la maldición provocada por la Ira de San Vito, leyenda de la iglesia católica que hablaba de la posibilidad de atraer plagas de danza compulsiva y que se basa en el mártir siciliano que en el año 303 d.C. fue torturado hasta su muerte junto con su nodriza y su padre. Tras morir su cuerpo entro en una especie de éxtasis por el que no paraba de moverse, un misterio – del que nos ocuparemos en otros artículos – por el que pasó a la historia como chorea sancti viti o como es muy posible lo hayas escuchado “danza” o “baile de San Vito”. A este santo se le invocaba para tratar a los enfermos de epilepsia o convulsiones neurológicas.

Otras epidemias de baile documentadas en Europa fueron:

  • 24 de diciembre del año 1.021 en Kölbigk (Alemania)
  • 24 de junio del 1.374 en Aquisgrán (Alemania) con brotes en Inglaterra y Países Bajos
  • 1.375 y 1.376 en Alemania, Francia y Holanda
  • 1.428 en Schaffhausen un monje “baila” hasta la muerte y en Zurich un mujeres acabaron sus días de la misma manera.

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