JUAN PEDRO, EL NIÑO DE SOMOSIERRA

2021 © Santi García (Arqueólogo y escritor)

Uno de los casos más enigmáticos y llamativos que en este 2021 se cumplen 35 años de lo ocurrido y que tuvo en un puño a todos los españoles en el mes de junio de 1986 y que, habiendo estado con familiares y amigos de los fallecidos hoy en día sigue siendo un gran enigma.

Nos situamos en Fuente Álamo, a escasos kilómetros de Cartagena, y nos centramos en un niño, Juan Pedro, cuyo padre, Antonio, transportista, decidió un día de 1986 que no estaría mal que su familia lo acompañase en uno de sus largos viajes por carretera, pudiendo así disfrutar juntos de la travesía y hacerle compañía en la soledad del camión, aprovechando además que ya empezaban las vacaciones de verano para el niño.

El camión partió del pueblo la tarde del día de San Juan, con Antonio, su mujer Carmen y el niño Juan Pedro, de 10 años, quien por primera vez salía de Murcia. El destino, Bilbao. La carga del camión era una cisterna que contenía 25.000 litros de ácido.

Hicieron tres paradas durante el trayecto, siendo vistos por última vez en una cafetería de Cabanillas de la Sierra, en Madrid. El tacógrafo determinó que llegó a ir a 140 km/h en algunos puntos.

Al llegar a Somosierra el vehículo se estrelló, derramándose su carga y dejando un escenario desolador. Al llegar al lugar del siniestro, la Guardia Civil investigó entre el revoltijo de hierros en el que quedó convertido el camión, encontrando los cadáveres desfigurados de Antonio y Carmen. Pero el niño no apareció por ninguna parte.

—¿Cómo está el zagalico? —preguntó la destrozada abuela al agente de la Guardia Civil que le comunicó la tragedia.

—¿De qué zagal habla usted? —respondió el agente.

El niño se había volatilizado. Ni rastro, ni un jirón de ropa, ni un resto humano. Nada. Pronto el misterio comenzó a crecer: el tacómetro del camión había registrado paradas muy sospechosas poco antes del siniestro. La posibilidad de que el pequeño se hubiera disuelto en el ácido era imposible, dado el escaso espacio de tiempo entre el accidente y la llegada de la Guardia Civil, la aparición de restos de heroína en el camión durante su desguace… Según dijeron algunos, el padre estaba amenazado por mafias de la droga, que le presionaban como transportista para que llevase droga en su carga. Unos testigos declararon que, cuando el camión se estrelló, una furgoneta llegó al lugar del siniestro y sacaron al niño de la cabina y se lo llevaron.

Otros apuntan a que el niño había sido secuestrado durante una de esas sospechosas paradas y que el accidente se debió a que el padre estaba persiguiendo a los secuestradores en su camión. Incluso, un año más tarde, el dueño de una autoescuela de Madrid afirmó que lo había visto completamente desorientado haciendo de lazarillo de una mujer iraní que preguntaba por la Embajada de Estados Unidos. Calificada por Interpol como «la desaparición más extraña de Europa», 35 años después, Juan Pedro sigue sin aparecer.

Aquel niño, de seguir vivo, tendría ahora 45 años. Con helicópteros, caballos, perros, motos y a pie rastrearon la zona durante días, en un radio de 20 kilómetros, sin éxito. Videntes y parapsicólogos se ofrecieron voluntariamente para tratar de dar con el menor. Sin éxito, de nuevo. Hoy en día este caso sigue siendo un absoluto misterio.