El virus de las pateras

CRUECEROS BAJO EL MICROSCOPIO, PATERAS BAJO LA ALFOMBRA: LA GRAN ESTAFA INFORMATIVA

Mayo 2026 © Juanca Romero Hasmen

     Canarias se ha convertido, una vez más, en el escenario de un esperpento informativo que roza lo criminal. El desembarco —o más bien, el asedio mediático— al MV Hondius no es más que la enésima representación de un teatro del absurdo donde el guión lo escriben el miedo selectivo y la corrección política más rancia. Mientras los focos de las cámaras se queman apuntando a la pasarela de un crucero por la amenaza del hantavirus, a pocos kilómetros de allí, en la penumbra de nuestras playas, la realidad desmiente la propaganda oficial con una bofetada de silencio.

     Es hora de llamar a las cosas por su nombre: estamos ante una doble vara de medir que insulta la inteligencia del ciudadano. La alarma social despertada en torno al Hondius no es casual; es una maniobra de distracción orquestada. Nos venden la imagen de un sistema sanitario hipervigilante, capaz de fiscalizar cada estornudo en un buque de lujo, mientras permiten que la soberanía de nuestras costas se disuelva entre pateras y cayucos que entran sin control, sin historial y, lo que es más grave, sin que nadie se atreva a preguntar qué traen consigo.

     ¿Dónde están los «especiales informativos» de 24 horas para analizar los riesgos epidemiológicos de la inmigración descontrolada? ¿Dónde están los expertos en virología que hoy se sientan en los platós para desguazar el caso del Hondius, pero que callan como puertas ante la llegada masiva de personas en pateras de las que no sabemos absolutamente nada? El cinismo es de tal calibre que parece que los patógenos solo son peligrosos si viajan con billete de primera clase. Si llegan en una barca de madera, el virus, al parecer, se vuelve invisible para la ética periodística.

     Me asquea ver a esos mismos medios de comunicación que hoy se rasgan las vestiduras, mirar hacia otro lado cuando se trata de la seguridad de los canarios. No se trata de odio, se trata de supervivencia y rigor. Si hay protocolos, son para todos. Si hay controles, no pueden ser selectivos. Pero claro, señalar que la entrada masiva de personas en pateras sin control sanitario es un riesgo real, no vende; eso no es «políticamente correcto». Lo que vende es el pánico controlado, el villano de turno en forma de crucero holandés que permite a los políticos colgarse la medalla de una gestión de escaparate.

     Ya está bien de tomarnos por estúpidos. La sociedad canaria está despertando y empieza a notar que el aire está viciado, no por los virus, sino por la mentira. Exigimos la misma lupa, el mismo rigor y el mismo carácter incisivo para cada patera que toca puerto que el que se le aplica al Hondius. Mientras no sea así, cada minuto de televisión dedicado a este crucero será una prueba más de la decadencia de un periodismo que ha pasado de informar a ser el perro faldero de un sistema podrido que prefiere el espectáculo antes que la seguridad nacional.

     Basta de hipocresía. Basta de agendas impuestas. Si quieren hablar de salud pública, hablemos de toda la verdad, no solo de la que les conviene para rellenar el telediario y mantener a la población bajo el yugo de la desinformación.

Cruceros bajo el microscopio, pateras bajo la alfombra: La gran estafa informativa
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