Canarias: colonia española

 

CANARIAS: ENTRE LA EXPOSICIÓN, LA IMPROVISACIÓN Y EL ABANDONO INSTITUCIONAL


Mayo 2026 © Juanca Romero Hasmen

Durante años, Canarias ha sido presentada como un territorio estratégico, un enclave privilegiado y un puente entre continentes. Pero la realidad que vive el archipiélago dista mucho de esa narrativa oficial. Las islas se han convertido en un espacio donde se toman decisiones que no se aplicarían en ningún otro punto del país, en el tablero de Monopoly en el que la chusma electa, los caciques de la política y los trileros de la verdad improvisa ante crisis estructurales y donde la ciudadanía percibe que se actúa sin planificación, sin transparencia y sin respeto por la estabilidad social del territorio.

La reciente autorización para que un crucero con casos confirmados de hantavirus atraque en puertos canarios ha reabierto un debate que nunca llegó a cerrarse: ¿por qué Canarias sigue siendo el territorio donde se descargan decisiones controvertidas? ¿Por qué se expone a la población a riesgos que no se asumen en la península? ¿Por qué se actúa sin explicar protocolos, sin detallar criterios y sin ofrecer garantías claras? La respuesta es clara: porque nos tratan como una colonia, como esas piedras rodeadas de agua en la que cabe todo tipo de mierdas, una especie de vertedero fragmentado en el que la porquería se contiene aunque caiga al agua de vez en cuando.

El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) recuerda que el hantavirus, aunque poco frecuente en Europa, presenta tasas de mortalidad que pueden superar el 10% en algunas variantes. Aun así, la autorización se produjo sin una comunicación pública detallada, sin comparecencias técnicas, y sin un marco informativo que permitiera a la ciudadanía comprender por qué Canarias debía asumir ese riesgo. La sensación generalizada es la de una decisión tomada desde lejos, sin medir el impacto social y sin valorar la inquietud que genera. Pero este episodio no es un hecho aislado. Es el reflejo de un patrón que se repite.

España estás en manos del peor Gobierno de la historia democrática, presidido por un personaje siniestro, un autócrata que se aproxima al sadismo con una soltura que asusta. Pedro Sánchez y su corte de analfabetos y alcahuetas, es el principal culpable de que Canarias esté actualmente con el culo al descubierto, girado hacia Marruecos para recibir las pedradas de un país que nos desea desde hace mucho tiempo. ¿Alguien duda que este peligroso personaje que nos gobierna, sea capaz de vendernos a cambio de cubrir de oro su poltrona? Me reitero, estamos en manos de un potencial dictador del siglo XXI.

Una presión migratoria sin precedentes y sin planificación estatal

Entre 2020 y 2025, Canarias recibió más de 100.000 llegadas irregulares, según datos del Ministerio del Interior. El archipiélago ha tenido que gestionar esta presión con: infraestructuras improvisadas, hoteles convertidos en centros de acogida, menores no acompañados sin recursos suficientes, servicios sociales desbordados, y una ausencia casi total de derivaciones a la península.

El propio Ministerio del Interior ha reconocido en informes públicos que no siempre es posible verificar identidades o antecedentes penales debido a la falta de documentación. Esta admisión ha generado preocupación entre sectores sociales que perciben que se está gestionando una crisis estructural con improvisación y opacidad.

Mientras tanto, la ciudadanía observa cómo la presión migratoria se acumula en un territorio limitado, fragmentado y con recursos finitos. Y observa también cómo las decisiones estatales se toman sin un plan a largo plazo, sin una estrategia de integración y sin un reparto equitativo de responsabilidades. Lo resumo con una sola frase: Para el Gobierno Central simplemente somos una cárcel “allá abajo”, donde la chusma es menos chusma siempre que no se pasee por las capitalinas calles de Madrid.

Crimen organizado: un riesgo creciente en un territorio vulnerable

La Fiscalía General del Estado ha señalado en varios informes la “especial vulnerabilidad” de Canarias ante redes criminales internacionales. La combinación de presión migratoria, turismo masivo y debilidad institucional convierte al archipiélago en un espacio atractivo para organizaciones dedicadas al narcotráfico, la trata de personas y el blanqueo de capitales. En los últimos años, la Policía Nacional ha desarticulado redes vinculadas a mafias europeas asentadas en zonas turísticas, organizaciones latinoamericanas dedicadas al tráfico de drogas, grupos especializados en falsificación documental y células que utilizaban las islas como punto de tránsito hacia Europa.

Estos casos no son anecdóticos. Forman parte de un fenómeno que crece mientras percibimos que la vigilancia estatal es insuficiente, casi inexistente, y que las instituciones locales carecen de herramientas para hacer frente a estas amenazas. Sobre la carencia de intelecto y capacidades de los políticos canarios, casi sobra hacer mención por lo evidente y palpable.

Un modelo turístico que ha superado todos los límites

En 2025, Canarias recibió más de 18 millones de turistas, según el ISTAC. Nueve veces la población residente.

El impacto es evidente: El precio de la vivienda ha aumentado más de un 40% en cinco años, los alquileres vacacionales han expulsado a residentes de barrios enteros, los jóvenes no pueden emanciparse, los servicios públicos están saturados, y la dependencia económica del turismo es tan extrema que cualquier crisis global deja al archipiélago en situación crítica. Diversos estudios universitarios alertan de una pérdida de soberanía residencial: los canarios dejan de poder vivir en su propia tierra. Mientras tanto, la regulación llega tarde, llega mal o no llega.

Decisiones estatales: improvisación, falta de transparencia y ausencia de estrategia

Amplios sectores sociales denuncian que las decisiones del Gobierno central respecto a Canarias se toman sin planificación, sin consulta a las instituciones locales o con el vergonzoso vasallaje de estas, sin evaluar el impacto real sobre la población y sin un marco de transparencia que permita entender los criterios aplicados. La percepción generalizada es que Canarias se ha convertido en un estercolero, en un picadero, una especie de lupanar del Medievo (a repartir entre ministros y asesores bermellones), en un territorio donde se descargan crisis que el resto del país no quiere asumir. Y cuando llegan las consecuencias, se pide paciencia, comprensión y silencio.

La ciudadanía percibe que la clase política insular no está defendiendo los intereses del archipiélago con la firmeza necesaria. Que se acepta lo que viene de Madrid sin cuestionarlo, dilatando el espacio oscuro que se muestra entre nalgas. Que se prioriza la estabilidad de los pactos sobre la estabilidad de la población. Que se gestiona, pero no se lidera. Que se administra, pero no se protege.

Un territorio al límite

Canarias no puede seguir siendo el laboratorio donde se experimenta, la frontera donde se improvisa, el espacio donde se depositan crisis ajenas, el territorio donde se toman decisiones sin transparencia, el lugar donde todo vale porque está lejos.

El archipiélago necesita planificación, respeto institucional y una estrategia clara. Necesita que se escuche a su ciudadanía. Necesita que se proteja su estabilidad social, económica y demográfica. Y necesita, sobre todo, que se deje de actuar como si aquí no hubiera consecuencias.

CANARIAS: ENTRE LA EXPOSICIÓN, LA IMPROVISACIÓN Y EL ABANDONO INSTITUCIONAL
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