La política de cartón-piedra en Canarias

La fertilidad secuestrada:
ritos ancestrales frente al nacionalismo de despacho

Marzo 2026 © Juanca Romero Hasmen

A ti, que lees esto buscando entender la verdadera identidad canaria, te hablo directamente. Olvida por un momento las postales turísticas y los discursos políticos vacíos. Vamos a sumergirnos en la tierra, en el gofio y en la obsidiana, para tocar la raíz de una obsesión ancestral de nuestro pueblo: la fertilidad.

Este no es un viaje nostálgico a un pasado idílico. Es un análisis crudo y necesario de cómo los primeros canarios, y nosotros después, hemos intentado dialogar con una naturaleza generosa pero a menudo esquiva. Y, sobre todo, es una denuncia necesaria contra aquellos que, desde sus cátedras de «guanchología» de vía estrecha, intentan secuestrar este legado para abanderar nacionalismos de pacotilla que solo buscan el calor de las siempre estrechas tetas del poder.

Imagina vivir en una isla volcánica. La belleza es sobrecogedora, pero la supervivencia es un frágil equilibrio. Para los antiguos canarios (guanches, bimbaches, auaritas…), la fertilidad no era un concepto abstracto; era la diferencia entre la vida y la hambruna. No era solo la capacidad de tener hijos, sino la fecundidad de la tierra, de los ganados y de las nubes.

Sus ritos no eran «supersticiones primitivas», como a veces se nos quiere vender. Eran una tecnología espiritual, una forma de gestionar la incertidumbre. Poner en valor estas prácticas es reconocer la sofisticación de una sociedad que entendía profundamente su entorno.

Los grabados rupestres con motivos geométricos y, crucialmente, las «cazoletas» y canales excavados en la roca (como en el Roque de Bentayga o el Julan) no son arte decorativo. Son altares de libación. Imagina a los faycanes derramando leche o manteca, uniendo simbólicamente los fluidos vitales con la piedra, pidiendo a la tierra que se abra y sea fecunda.

Las figurillas femeninas, como el famoso Ídolo de Tara, con sus formas exageradas, no son simples fetiches sexuales. Son representaciones de la Gran Madre, de la fuerza generadora. Eran amuletos de bolsillo, protectores de la concepción y del parto.

Los almogarenes, esos recintos sagrados en altura, eran los lugares de conexión. Allí se realizaban ritos para invocar el agua, el semen del cielo que preñaba la tierra. Las procesiones a estos lugares no eran simples caminatas; eran actos de fe desesperada por la supervivencia colectiva.

El agua era sagrada porque era escasa. Los ritos para invocar la lluvia, como el sumergir ramas o el clamar a los dioses en fuentes y manantiales, revelan una cosmovisión donde el agua era el principio fecundador por excelencia.

La cultura canaria se ve constantemente amenazada por la paupérrima clase política.

La Pervivencia: El sincretismo como resiliencia cultural

Lo más fascinante no es solo lo que hacían los guanches, sino cómo esa necesidad vital sobrevivió a la conquista. No hubo una ruptura total, sino una absorción. El cristianismo se superpuso a las antiguas creencias, creando un sincretismo que es la verdadera columna vertebral de nuestra identidad tradicional.

Las romerías actuales, con sus carretas llenas de productos de la tierra, no son más que la evolución de aquellas procesiones prehispánicas a los lugares sagrados para pedir o agradecer la cosecha. La Virgen o el Santo de turno han sustituido a las antiguas divinidades, pero el propósito de fondo —asegurar la abundancia— sigue intacto.

El ritual de bañarse en el mar o saltar hogueras en la noche de San Juan es un claro ejemplo de rito de purificación y fertilidad que ha pervivido. Se busca la renovación, la salud y, en muchos casos, propiciar la concepción.

El uso de plantas medicinales y rituales por parte de los curanderos para tratar problemas de fertilidad o asegurar embarazos saludables es una herencia directa de los conocimientos ancestrales, que combinan lo empírico con lo simbólico.

La cultura canaria se ve constantemente amenazada por la paupérrima clase política.

La «guanchología» al servicio del poder

Y aquí, querido lector, es donde debemos ponernos críticos. Es innegable el valor de la investigación antropológica seria. Pero en Canarias padecemos una patología cultural: el «guanchismo» instrumentalizado.

Existe una casta de supuestos expertos, autócratas del conocimiento autoproclamados, que han dedicado décadas a construir una imagen idílica, homogénea y mítica del guanche. Han desvirtuado la historia a conveniencia, silenciando las complejidades y contradicciones de la sociedad aborigen para crear una narrativa funcional a estúpidos nacionalismos.

Este nacionalismo de cartón-piedra, que se llena la boca de «identidad» mientras mira de reojo las subvenciones, está a años luz de la verdadera identidad cultural del pueblo canario. La identidad real es mestiza, sincrética, compleja y en constante evolución. No se basa en una pureza mítica ni en una confrontación constante con lo exterior.

Al focalizarse exclusivamente en un pasado idealizado, estos «guanchólogos» del poder ignoran la riqueza del proceso de mestizaje que nos define. Crean una identidad artificial y excluyente, basada en un racismo cultural latente, que solo sirve para dividir y para legitimar agendas políticas que nada tienen que ver con las necesidades reales de nuestra gente.

Poner en valor los ritos de fertilidad guanches es un acto de justicia histórica y rigor científico. Significa entender nuestra raíz para comprendernos mejor. Instrumentalizarlos para abanderar nacionalismos de vía estrecha es un acto de deshonestidad intelectual y de traición a nuestra verdadera identidad cultural, que es mucho más rica y compleja que cualquier eslogan político.

Nuestra identidad no necesita de mitos fabricados en despachos. Necesita de una mirada honesta y crítica a nuestro pasado, que reconozca tanto la sofisticación de nuestros ancestros como la riqueza de nuestro mestizaje. Solo así podremos construir un futuro que sea verdaderamente nuestro, lejos de los espejismos nacionalistas y siempre cerca de la tierra que nos nutre.

La fertilidad secuestrada: ritos ancestrales frente al nacionalismo de despacho
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