¿Y SI FUERA POSIBLE?

© Juanca Romero Hasmen

Ahora, con las luces apagadas y el reloj marcando las horas más profundas, te invito a una última y peligrosa reflexión. Una pregunta prohibida que todos nos hemos hecho al menos una vez en el silencio…

¿Y si fuera posible? ¿Y si pudieras, solo por un instante, volver a hablar con esa persona que se fue? ¿Esa conversación pendiente, esa palabra que se quedó atrapada en tu garganta el día que la perdiste? El dolor de la ausencia es tan profundo que nos hace rozar la locura, nos impulsa a buscar consuelo donde no hay vida.

Muchos, en esta búsqueda desesperada, se aferran a la tecnología. A la Transcomunicación Instrumental. Hablamos de tableros Ouija, de la spirit box, de grabadoras que capturan susurros en el vacío. Creemos en el método científico del miedo: controlar la interfaz.

Piensas que estás marcando un número de teléfono a un plano diferente y que, al finalizar la llamada, simplemente puedes colgar. Crees que eres tú, con tu curiosidad, quien sostiene el interruptor de encendido y apagado de este contacto.

Pero la verdad, la verdad terrible que se esconde detrás de cada fenómeno paranormal que hemos relatado, es que el otro lado no funciona con tus reglas.

No eres tú quien abre la puerta de comunicación. Eres tú quien, con tu anhelo ha creado la cerradura y ha dejado la llave puesta para que algo… pueda girarla desde la oscuridad.

¿Y si ese ser querido al que tanto deseas abrazar no es el único que ha notado la puerta entreabierta?

Hay otras cosas allí fuera. Cosas que nunca tuvieron nombre ni bondad en vida, y que, ahora libres de la carne, merodean hambrientas en el eco de las almas que sí amaste.

Imagina que lo consigues. Que el aire se vuelve denso y frío, que la temperatura cae bruscamente. Y la voz que escuchas no es la dulce melodía de quien recuerdas, sino una versión distorsionada, una burla espectral. Esta entidad, sea lo que sea, ha usado el rostro de tu ser querido para infiltrarse en tu vida. ¿Qué está mirando? ¿Qué está tocando en tu casa, ahora que le has dado permiso?

Te has pasado la noche pensando en cómo contactar, en cómo traerlos de vuelta a tu mundo… Pero ¿alguna vez te has detenido a pensar qué quieren ellos de ti, ahora que están aquí?

Piénsalo bien la próxima vez que te sientas solo y sientas el impulso de buscar una respuesta en el silencio. A veces, la mayor sabiduría, la mayor seguridad… reside en dejar de escuchar.

¿Y SI FUERA POSIBLE?
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